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Había prometido no volver a referirme al actual presidente estadounidense, Donald Trump, pues un amigo me había convencido de que sus acciones son las que él prometió más de mil veces durante su campaña presidencial. Así que según mi amigo, Trump está haciendo lo que el pueblo que lo eligió quería que hiciera. En verdad, expresado tal como él me lo dijo, es un razonamiento que guarda toda la lógica del mundo, pero considero que el último decreto promulgado por la Casa Blanca vuelve a romper el hijueputómetro sólo digno de hombres como Adolfo Hitler, Iosif Stalin o Benito Mussolini. Engendros que hoy son parte de nuestra historia por los millones de víctimas que cayeron bajo sus botas.
En esta ocasión me estoy refiriendo específicamente al decreto ejecutivo que cancela los beneficios del parole humanitario por medio del cual entraron muchos inmigrantes a los Estados Unidos de forma legal y con permiso de trabajo. Este beneficio fue implementado por el hoy expresidente Joe Biden para favorecer a ciudadanos de Haití, Venezuela, Cuba y Nicaragua. Según cifras del Departamento de Estado e Inmigración de los Estados Unidos, los beneficiados con esa normativa fueron un poco más de 500,000 ciudadanos de esos países.
Cuando era candidato el señor Trump anunciaba que si era electo presidente deportaría a 11 millones de indocumentados por considerarlos criminales, drogadictos, prostitutas y cuanto epíteto se le ocurría. Promesa que ha intentado cumplir, pues a la fecha ha deportado a más de 50 mil. De esos menos de mil tenían récord criminal. El resto son humildes personas que se ganaban el sustento de sus familias honradamente y contribuían con sus trabajos al engrandecimiento de ese país.
En artículos anteriores escribí sobre el problema de la escasa natalidad en los países más ricos del planeta, refiriéndome a que los Estados Unidos era el único país que no tenía ese problema por la cantidad de inmigrantes que recibía. Además demostré que la comunidad hispana en EE. UU. aportaba más al PIB que los mismos anglosajones. Afirmación que soporté con datos estadísticos comprobados.
El presidente Trump, en su racismo, canceló el programa parole humanitario, para mediante decreto anunciar que daba hasta el 24 de abril para que las más de 500 mil personas beneficiadas abandonaran los Estados Unidos de manera voluntaria, o quedaban expuestas a multas y deportaciones exprés. Asumamos que esos más de medio millón beneficiados con el parole humanitario deseen cumplir con semejante normativa, y pregunto: ¿saben cuántos aviones se necesitan para devolverlos a sus países de procedencia? Una simple división nos arroja que 520,000 personas entre 160 que es el promedio que caben en un avión, nos da la cifra de 3,250 vuelos asumiendo que todos los pasajeros sean beneficiarios del parole. Por otro lado, si dividimos 520,000 entre treinta que es el tiempo que Trump les da para abandonar el país, esa división nos da la cifra de 17,333 que tienen que salir por día. Como pueden apreciar ambas cifras son materialmente imposibles de cumplir y solo pudieron salir de una mente enferma por el odio contra los hispanos.
La pregunta es, ¿puede un presidente borrar de un plumazo acuerdos, decretos o decisiones tomadas por su antecesor sin violar su Constitución? Eso es exactamente lo que el esquizofrénico actual presidente de los Estados Unidos está haciendo.Quiere abolir la ciudadanía por nacimiento, derecho protegido por la Constitución, desempolvó una ley del siglo pasado para expulsar a una famosa banda conocida como Tren de Aragua, la que al parecer tiene miles de integrantes, ha congelado el procedimiento para adquirir la residencia americana, aduciendo la posibilidad de fraude de algunos aplicantes, canceló el beneficio del parole humanitario y ahora corta de tajo el tiempo que pueden permanecer legalmente.
Si a esto le agregamos la errática política internacional que tiene en ascuas a las empresas de su país, tenemos que concluir que los ciudadanos que votaron por él pensando en el slogan de que volvería a América grande otra vez, no sólo metieron la pata, sino que el cuerpo entero.
Casi finalizando este artículo, leo en las redes sociales que acaba de arribar a Washington el nuevo embajador ruso, lo que significa la reanudación de relaciones diplomáticas con ese país. Atrás quedan las sanciones por la invasión a Ucrania etcétera, etcétera, dejando en evidencia que lo que importa al nuevo inquilino de la Casa Blanca es que regresen las más de 2,000 empresas que abandonaron Rusia y la posibilidad de volver a hacer negocios con el petróleo y gas.
Finalizo con una pregunta, que es la que motivó este artículo: ¿Alguien en la Casa Blanca pensó en el sufrimiento de esas 500 mil familias ante semejante orden? La respuesta es no y no creo que les importe.
El autor es analista político y directivo nacional de Fuerza de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense.