Acerca de las fuerzas parapoliciales denominadas “Policía Voluntaria”

Este miércoles 26 de febrero se realizó otra de las aparatosas celebraciones oficialistas públicas que provocan un caos de tránsito en Managua, adicional al que hay de manera permanente por la construcción de una larga y ancha vía para mejorar la circulación vehicular en la ciudad.

 Esta vez la celebración ha sido para oficializar la extensión por seis años más del jefe de la Policía sandinista, Francisco Díaz, consuegro de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Al mismo tiempo, el régimen juramentó a miles de miembros de la Policía Voluntaria, cual es el nombre constitucional que le ha puesto a las fuerzas civiles de choque que utilizó para ejecutar la sangrienta represión armada contra las protestas cívicas y la rebelión democrática de abril de 2018. Las que ahora han sido aumentadas masivamente.

En efecto, este miércoles fueron juramentados unos 30 mil miembros de esa fuerza represiva especial, pero según las informaciones serán miles más. Y de manera muy significativa han sido juramentados con los rostros encapuchados, sin duda que para ocultarlos ante la población porque sus tareas serán estrictamente represivas.

Técnicamente una fuerza parapolicial —lo mismo que la paramilitar— es una organización de individuos civiles que actúan como la Policía y el Ejército, pero sin ser formalmente parte de estas instituciones estatales. Peor todavía, su función es ejecutar las tareas más sucias y criminales de la represión política y por eso es que sus integrantes siempre ocultan su cara con capuchas.

En realidad, en las democracias no existen tales fuerzas especiales de represión. Sólo en los Estados totalitarios que las utilizan como fuerza de choque para reprimir las protestas populares. Y funcionan de manera permanente, para intimidar a la gente en general y en particular a los opositores.

Históricamente estas agrupaciones criminales con patrocinio estatal surgieron en Alemania, durante la llamada República de Weimar que duró de 1918 a 1933. Fueron sustituidas por el régimen nazi de Adolfo Hitler con las SA (Sturmabteilung) cuyo lema era “toda oposición ha de ser aniquilada”. Y cuando las SA se convirtió en una amenaza para el mismo régimen de Hitler, las reprimieron, disolvieron y sustituyeron con las SS (Schutzstaffel), o sea Fuerzas de Protección, en español.

Siguiendo ese modelo, en la Italia fascista de Benito Mussolini fue creada la Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional, cuyos miembros eran llamados “los camisas pardas” por el color negro de su vestimenta. Y actualmente, un claro ejemplo de fuerzas civiles armadas para la represión política es la denominada Milicia Roja Obrera y Campesina, de Corea del Norte. Cuenta con unos tres millones y medio de hombres y mujeres armados, que siempre están listos para ejecutar cualquier tarea represiva.

Es importante mencionar que, en el caso de Nicaragua, la fuerza parapolicial del régimen no está integrada solamente con voluntarios, como en los casos antes mencionados. Según informó LA PRENSA el martes 25 de febrero, muchos empleados públicos, incluyendo personal docente, son obligados a pertenecer a la llamada Policía Voluntaria, so pena de ser despedidos en caso de negarse a participar. Y para más ofensa a su dignidad tienen que costear ellos mismos sus vestimentas y capuchas.

Pero en el fondo esta es una debilidad estratégica de la dictadura. Puesto que muchos participantes en esa organización parapolicial represiva no lo hacen por su propia voluntad, sino que son obligados a ello, es obvio que esos “voluntarios amarrados con mecates” a la larga no serán garantía de lealtad a la misma dictadura, cuando esta se vea necesitada de su protección.

Editorial
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