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La Plaza Pedro Joaquín Chamorro, un anfiteatro donde se celebraban actos culturales durante la Revolución sandinista, fue inaugurada por los sandinistas en 1979 para honrar la memoria del director mártir de LA PRENSA, asesinado el 10 de enero de 1978.
La plazoleta fue construida cerca de donde se cometió el crimen, ocurrido cuando Chamorro conducía un Saab café, el cual fue embestido por el vehículo en el que se trasladaban los sicarios que lo asesinaron.
El carro de Chamorro se estrelló contra un poste de energía y eso lo aprovecharon los verdugos para dispararle.
Es una teoría muy difundida que el asesinato de Chamorro sirvió para que, poco más de un año después, cayera la dictadura de Anastasio Somoza Debayle, a la cual el periodista criticaba desde los editoriales del Diario LA PRENSA.
Los sandinistas, que eran dirigidos por nueve comandantes, perdieron el poder en 1990, pero uno de ellos, el actual dictador Daniel Ortega, lo retomó en 2007 y su esposa Rosario Murillo, en su afán de quitar y poner monumentos, en nombre de supuestamente la cultura, mandó a construir unos gigantes monolitos, nueve en total, como un homenaje a los próceres del Alba (Alternativa Bolivariana para las Américas), integrada entonces por nueve países.
Ello, a pesar de que Murillo fue secretaria de Chamorro en LA PRENSA.
Los mastodontes fueron colocados delante de la Plaza Pedro Joaquín Chamorro, obstruyendo la visibilidad del anfiteatro y reduciéndolo a un patio de los gigantes monolitos que fueron bautizados como monumento a Los Próceres del Alba.
El lunes 23 de septiembre de 2013, cuando se cumplieron 89 años del natalicio de Chamorro, los Ortega Murillo inauguraron otro monumento dedicado al hombre que luchó por las libertades públicas de Nicaragua y lo ubicaron en el lugar exacto donde ocurrió su asesinato.
Por su parte, los obeliscos de los próceres del Alba tuvieron una vida de 11 años, pues, en una de sus típicas ocurrencias megalomaníacas de Murillo, ordenó sustituirlos en mayo del 2024 por otros gigantescos monolitos, rebautizándolos como el Parque de los Héroes, aumentando el tamaño y la cantidad de figuras a 15, ocultando aún más el monumento a Pedro Joaquín Chamorro.
La plaza y el monumento a Chamorro están ahora detrás de un muro perimetral.
La historia se encargará de decir quiénes deben quedar ocultos, si la memoria de un periodista que luchó porque haya justicia social en el país o los dictadores que encarcelan y asesinan al pueblo bajo una presunta figura mesiánica de paz y amor.










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