El exembajador de los Estados Unidos, Robert J. Callahan, junto al alcalde de San Pedro de Lóvago, Melvin Baez, cortan una cinta para inaugurar el estadio de esa localidad en 2010, el cual fue reparado con fondos del Programa de Desarrollo Comunitario de USAID. Archivo USAID

La huella de USAID en Nicaragua, el brazo exterior de Estados Unidos

Nació como un instrumento geopolítico de Estados Unidos, pero ahora Donald Trump ordenó su cierre temporal y una revisión. Esto ha generado incertidumbre y el futuro de la cooperación estadounidense para Nicaragua está en el aire.

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El cierre de 90 días que Donald Trump ordenó de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), ha generado caos e incertidumbre en todo el mundo, sobre todo entre gobiernos, organizaciones y demás que reciben una partida de los millonarios fondos que ejecuta esta entidad.

Según las cifras oficiales, en el año fiscal 2023, USAID manejó más de 40 mil millones de dólares destinados para más de un centenar de países, entre los que se encuentran lugares que viven en algún tipo de conflicto como Ucrania, Etiopía, Haití, Jordania, República Democrática del Congo y Somalia.

En el caso de Nicaragua, ese año, fue de los países que menos recibió dinero en la región, con 25 millones de dólares. Los que más recibieron ese año, de acuerdo con las cifras oficiales, fueron Colombia con 389 millones, Haití con 316 y Venezuela con 205.

Donald Trump firmó una orden ejecutiva para suspender todo el gasto exterior público por 90 días. En este periodo se examinará si USAID debe continuar funcionando como hasta ahora lo ha hecho o si por el contrario, debe cerrarse por completo. Por el momento, el secretario de Estado, Marco Rubio, asumió la dirección de la agencia, pero no hay nada seguro alrededor de su futuro.

Esto también ha afectado a Nicaragua, o más bien, a las organizaciones de sociedad civil que dependen de este tipo de fondos. “Daniel Ortega debe estar feliz” con el cierre de la agencia, señala el economista Enrique Sáenz, pues asegura que la medida tomada por Trump es casi “un regalo para Ortega después de que haya aniquilado a todas las formas de oposición interna, que sin mover un dedo él, pues se esté amputando la capacidad de las organizaciones que promueven derechos humanos y democracia fuera de las garras de la dictadura”.

USAID dio apoyo a las familias afectadas por los huracanes Eta y Iota en 2020. Archivo USAID

Un instrumento geopolítico

USAID fue creada en 1961 por la Administración de John F. Kennedy. El experto en relaciones internacionales salvadoreño, Napoleón Gómez, explica que esta nació a raíz del triunfo de la Revolución cubana, ya que Estados Unidos veía amenazas a sus intereses en la región, sobre todo porque sus líderes estaban apoyados por la Unión Soviética

La agencia “es un hijo legítimo de la composición del orden internacional tras la Segunda Guerra Mundial”, detalla Gómez.

La idea de Kennedy era contener el comunismo en América Latina y que no se repitiera lo sucedido en Cuba. Por ello, en marzo de 1961, le expuso a los embajadores de los países de Latinoamérica el plan “Alianza para el Progreso”, con el cual se asignarían fondos de 20 mil millones de dólares por 10 diez años para combatir la pobreza y ejecutar programas de asistencia social.

Este fue uno de los primeros programas implementados por USAID y con este plan fue que llegó a Nicaragua en 1962 cuando el miembro de la dinastía, Luis Somoza Debayle, estaba en el poder. Los Somoza fueron aliados de los norteamericanos y eso facilitó la instalación de la agencia en el país.

Con Alianza para el Progreso, en Nicaragua se construyeron 218 kilómetros de caminos rurales, 189 escuelas, 10 hospitales, 55 centros de salud, 9 centros educativos rurales construidos y sus operaciones financiadas, 297 sistemas rurales de agua potable y unas 150,000 personas obtuvieron acceso a la electricidad. También se hicieron jornadas de vacunación y de nutrición en escuelas primarias.

Según comenta el economista Enrique Sáenz, la agencia “nació como un instrumento de acción exterior de Estados Unidos para promover sus intereses, para apoyar a países y gobiernos en cuestiones humanitarias y de desarrollo. Básicamente, el brazo de acción internacional en materia de cooperación”, y con esa idea fue que llegó a Nicaragua.

El experto en geopolítica de la Universidad de Costa Rica, Carlos Cascante, coincide. “Históricamente estuvo muy vinculada a los intereses geopolíticos de Estados Unidos. No es que ahora no lo esté, pero se ha pretendido que los funcionarios tengan mayor independencia para tomar decisiones”, asegura.

Los expertos insisten en que los fondos de USAID también han funcionado para asistir en asuntos humanitarios. Por ejemplo, en 1972, cuando un terremoto devastó Managua, la agencia apoyó con la construcción de 8 mil nuevas viviendas, 4,560 conexiones de agua domésticas instaladas y 60,000 conexiones eléctricas, según datos oficiales rescatados del archivo web de la agencia, pues tras su cierre temporal, el sitio oficial no está funcionando.

Sin embargo, es cierto que los fondos de carácter humanitario también dependen de si el gobierno es aliado de Estados Unidos. “Este tipo de ayudas siempre han estado regidas por intereses geopolíticos del donante”, explica Gómez, y no es solo para atención de desastres naturales, sino también para emergencias, atentados, atención a desplazados, refugiados y otras necesidades que puedan tener los países aliados.

La directora de la Oficina de Democracia y Gobernabilidad de USAID, Jessica Zaman, junto a miembros del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Carazo y parte del equipo donado por USAID a esta entidad. Archivo USAID

Gómez señala que Estados Unidos funciona bajo la lógica de ayudar a sus amigos, pero no a los amigos de sus enemigos, y muchos menos a los que son sus verdaderos enemigos en la partida geopolítica.

Con esa lógica, “la ayuda no es neutra. Favorece a organizaciones que estén en oposición al cual Estados Unidos no tiene como aliado”, explica Cascante, quien indica que durante la Guerra Fría fue más evidente el uso de la agencia para los intereses de Estados Unidos y por ello, en los noventa, “se intentó reducir esas críticas porque se entiende que puede ejercer un rol importante como poder blando de Estados Unidos”.

Es a partir de esos años que USAID empezó a tener una visión más humanitaria “aunque no necesariamente ajena al interés geopolítico estadounidense”, aclara Cascante.

USAID y Ortega

La agencia también tuvo un papel importante en la reconstrucción de las economías de países de Centroamérica que se vieron golpeadas por las guerras civiles y crisis políticas en los años ochenta.

En el caso de Nicaragua, con el bloqueo económico que impuso Estados Unidos a los sandinistas en los años ochenta, USAID no desembolsó fondos ni ejecutó proyectos. “En la década de los ochenta el papel que tuvo fue en los primeros años. Ya después dejó de funcionar”, señala Sáenz.

El punto más alto de la ayuda que brindó USAID a Nicaragua fue a partir de la caída de la dictadura sandinista en los ochenta y la transición a la democracia con el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro. “Fue de los principales donantes e incluía cooperación al sector privado”, señala el economista.

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“Desde su guerra civil, la USAID ha ayudado a Nicaragua a establecer una economía de libre mercado, sentar las bases para procesos democráticos, y mejorar los servicios de educación y salud”, detalla el archivo del sitio web de la agencia.

USAID ejecutó un Programa de Apoyo a la Balanza de Pagos de 1990 que ayudó a que Nicaragua impulsara su economía con la importación de bienes de capital, materias primas, insumos agrícolas, petróleo y bienes de consumo. También apoyó con la elaboración y revisión de 15 leyes para que el país pudiera cumplir con las condiciones para entrar al tratado de libre comercio Cafta-DR.

Entre 1995 y 2009, la agencia también apoyó para modernizar el sistema judicial del país y cumplir con estándares internacionales y dio luz a la aprobación de normas como la Ley Orgánica del Poder Judicial, un nuevo Código Procesal Penal, la Ley de Carrera Judicial, la Ley de Arbitraje y Mediación, el Código Penal, y la Ley de Carrera Fiscal.

Además, la agencia apoyó en programas de salud, educación, mejoramiento de calidad de agua, alimentación, construcción de carreteras, entre otros.

Para el huracán Mitch, USAID aportó 103 millones de dólares para la reparación de infraestructura, la recuperación económica, el acceso al agua y el saneamiento.

Llegada del presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, a Nicaragua y recibido por el entonces presidente Arnoldo Alemán, en marzo de 1999. Óscar Navarrete/LA PRENSA

Incluso el régimen de Daniel Ortega ha recibido fondos de USAID. En 2007, con la devastación que dejó el huracán Félix en la Costa Caribe, la agencia donó 6.9 millones de dólares. “Se entregaron alimentos de emergencia, kits de higiene y láminas de plástico, y raciones de alimentos para 80,000 personas, de noviembre a agosto de 2008; más la entrega de lanchas, herramientas, máquinas de coser, y semillas para la reactivación económica”, detalla la agencia en su archivo web.

En junio del 2018, cuando había estallado la crisis política en el país y la Policía reprimió las protestas a sangre y fuego, la entonces embajadora de Estados Unidos en Nicaragua, Laura Dogu, informó que solicitaron a la Policía que devolvieran o pagaran los vehículos donados por USAID porque no habían sido entregados para reprimir a la población.

“El Gobierno de Estados Unidos donó a dicha institución para sus actividades legítimas” y por tanto “le solicitó a la Policía Nacional de Nicaragua la devolución o pago de los vehículos”, decía en un documento oficial de la Embajada.

“Algunos de estos vehículos han sido usados por la Policía Nacional de Nicaragua, y fuerzas irregulares bajo su mando, para reprimir violentamente las voces de quienes protestan pacíficamente contra las acciones de su gobierno”, escribió. La Policía terminó regresando los vehículos.

Con la falta de independencia de poderes en el Estado y la deriva autoritaria de Ortega, USAID fue retirando sus proyectos y fondos de Nicaragua, y volteó a ver hacia organizaciones de sociedad civil con intereses similares a los del gobierno norteamericano.

“En la medida que un gobierno se va alejando de la línea de Estados Unidos, no necesariamente se le quita la ayuda, pero sí se diversifica y no se la dan directamente al gobierno, sino que trabajan a través de organizaciones no gubernamentales”, explica Cascante. Eso sucedió en Nicaragua a partir de que Daniel Ortega destruyó el Estado de derecho y se consolidó como dictador.

La misma agencia explica en su sitio web que, hasta 2020, su programa de desarrollo para el país se enfocaba en “temas de democracia, educación y seguridad y está diseñado para promover la democracia mediante la capacitación de jóvenes líderes democráticos emergentes y mediante la asistencia técnica para fortalecer la participación de la sociedad civil y mejorar la gobernabilidad local”.

También tenía proyectos de mejora del acceso a la información, y algunos enfocados en educación como becas para estudiantes de la Costa Caribe. Para 2023, Nicaragua ya era de los países de la región que menos recibía fondos de USAID, con 25 millones de dólares. Las cifras de 2024 aún no han sido publicadas.

Arthur W. Brown, director de USAID/Nicaragua junto a José Adán Aguerri, entonces presidente del Cosep; Ernesto Medina cuando era director de Eduquemos, y Melissa McSwegin, directora del Proyecto Alianzas 2. Archivo USAID

¿Volverá la asistencia de USAID?

Con las medidas implementadas por Trump con respecto a USAID, Enrique Sáenz señala que “no está claro” lo que sucederá con la agencia y los fondos que ejecuta para Nicaragua después de los 90 días de revisión. El economista cree que podría cerrar operaciones de manera parcial y enfocarse en los intereses de Estados Unidos.

Carlos Cascante, por su parte, considera que el cierre de USAID traerá repercusiones humanitarias “porque sí que hay muchas organizaciones que funcionan con fondos de USAID con fines humanitarios”, pero también habrá consecuencias políticas porque en el caso de Nicaragua, hay organizaciones con “agendas políticas” y que “han sido muy fuertes en establecer oposición al gobierno”.

El experto dice que no es que se van a eliminar por completo los fondos de cooperación. “Se van a reducir y se van a definir a través de los intereses políticos del gobierno de Trump, de forma tal que cada organización va a tener que ser muy hábil para lograr restablecer sus fondos. Aquellas organizaciones que hacen una agenda política en contra de los gobiernos que Estados Unidos adversa, pueden tener buenas posibilidades de recuperarse”.

Lo que sí está claro para Cascante es que la cooperación externa de Estados Unidos no será más un “poder blando” como en otros años y estará definida por los intereses que tenga Donald Trump.

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