Muchas veces promovemos estigmas sin darnos cuenta de que las cosas, personas, países son más de lo que pensamos o vemos a simple vista. Por poner un par de ejemplos: La tecnología no es ni buena ni mala, depende del uso que le des; los extranjeros en un país no son los culpables de los males, depende de las razones y el desempeño de los mismos y la planta de coca no es únicamente para hacer droga, puede ser medicinal y recientemente me sorprendió que se puede convertir en tinta.
Una colega me compartió un emprendimiento que surgió en Colombia como “Tinta dulce” y resulta que surge de “la mata que mata”, como se ha conocido a la hoja de coca. Me encanta que este buen uso de algo que se ha estigmatizado surge de dos mujeres, las diseñadoras Daniela Rubio y Mónica Suárez. Ellas desarrollaron algo llamado “Manual de tinta”, una guía práctica y muy gráfica para el uso de la tinta de coca en serigrafía, acuarela y tinturas para textiles.
Me parece interesante que algo que se ha relacionado con cosas malas como drogas, narcotráfico, etc., de pronto se convierta en una herramienta creativa y para el arte. Las creadoras no se quedaron en este punto y además del manual idearon Pajarita, cuaderno para colorear como una propuesta para brindar a los niños y niñas una experiencia lúdica y educativa, acercándolos al uso creativo de la hoja de coca, con ilustraciones de aves de Esteban Borrero, con tinta preparada con harina de coca.
Una colombiana contaba una vez que no le gustaban los aeropuertos porque siempre le tocaba la revisión “aleatoria” y decía que era por el estigma de los colombianos de trasladar droga. A mí una vez en Estados Unidos me seleccionaron para estos chequeos y al ver que era nicaragüense me dijeron “disculpe, pensé era colombiana”, solo alcancé a decir “no diga esas cosas en voz alta”.
Recuerdo que en Colombia tuve un momento de “problema lingüístico” cuando dije que me había tocado bañarme con una “panita”, me dijeron que necesitaban traducción y al explicarle me dijeron que a los contenedores les llaman cocas o coquitas. Dije en tono de broma en Colombia “todo es coca” y me doy cuenta que claro es un estigma de los colombianos, que hoy analizo y eliminaría el comentario.
Quizá con proyectos como Tinta dulce no tendría esa idea de que la coca es mala. Se trata de una historia marcada por el estigma y algo que se ve como malo puede convertirse en arte, en creatividad y mi parte favorita en educación. Porque con el libro de colorear no solo llevas la tinta, el arte, llevas la muestra de que las cosas no son malas, los usos que les des es lo que dirá si se convierte en un estigma malo o en un potencial negocio sostenible, creativo y la semilla para cambiar lo que por años hemos pensado.
Espero que en algún momento si pensar en Colombia nos hace pensar en “coca” sea por una iniciativa como Tinta dulce, un ejemplo de mujeres creativas, de educación para cambiar una mentalidad y de proyectos sostenibles.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.