¿Cómo botar a Maduro?

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

A Maduro no se le podrá botar con sanciones, pero sí con portaviones. Imaginemos el escenario: una fuerza multinacional, creada para acudir al llamado de ayuda del presidente constitucional González Urrutia, estacionada frente a las costas de Venezuela, e integrada por uno o dos portaviones norteamericanos —con su dotación de F-16, drones y misiles sofisticados— más algunas fragatas argentinas o navíos de países aliados. Dicha fuerza mandaría a Maduro, Diosdado y Padrino el siguiente ultimátum: entreguen el poder y podrán irse a sus casas o a un exilio dorado, o prepárense a enfrentar nuestra contundente y letal fuerza militar. Simultáneamente invitarían a todos los miembros del ejército a estar listos a desobedecer a Padrino y su cúpula militar, con promesa de darles protección y subsidios.

¿Qué harían ellos? Ellos, los corruptos, los comprados por los millones de petrodólares y el narcotráfico, ¿escogerían la ruta de inmolarse heroicamente o preferirían salvar el pellejo? Y si escogieran la descabellada e improbable ruta del suicidio, ¿contarían con la lealtad del resto de las fuerzas armadas? Seguro que no. La tiranía colapsaría y el presidente González entraría en Caracas, posiblemente sin derramamiento de sangre, y con una fuerza de tarea integrada por patriotas venezolanos previamente entrenados para administrar el desarme o reestructuración del ejército.

Estados Unidos respondería entonces con un plan Marshall de ayuda económica masiva, volverían las empresas petroleras privadas a multiplicar la extracción del crudo, se expulsarían todos los agentes cubanos, rusos e iranies, y comenzaría la repatriación masiva de millones de venezolanos. La izquierda radical gritaría indignada que el imperialismo ha revivido the Gun boat diplomacy, (la diplomacia de los buques de guerra) pero el grueso de los latinoamericanos celebraríamos felices la resurrección de la libertad.

Alternativas como estas son las únicas que podrían funcionar. Olvidémonos de sanciones. Se han probado sin resultado por años y lo único que han logrado es hambrear al pueblo y provocar éxodos masivos. Como se ha comprobado en los casos de Rusia e Irán, los déspotas son expertos en burlarlas y no les importan los sufrimientos de sus pueblos. Por su parte las presiones diplomáticas se diluyen en proclamas sin dientes y las movilizaciones populares poco o nada pueden contra la pared de ametralladoras de un estado policial dispuesto a masacrarlas. La ruta electoral dejó también de ser alternativa, aunque sí produjo dos resultados valiosos: terminó por deslegitimar a Maduro y desnudar su maldad, y demostró el agotamiento de las vías cívicas o pacíficas.

Es hora, pues, de planear y tomar en serio el uso de la fuerza militar. Incluso es un deber ético hacerlo y no engañarse con alternativas que, bajo el manto de la civilidad, sólo servirán para prolongar indefinidamente la tiranía. Dejar que por flojera o ilusiones Maduro continúe en el poder, sobre todo tras su escandaloso fraude electoral y su crueldad represiva, sería una bofetada desmoralizante para las democracias del continente.

Enseñaría que el mal y la mentira pueden salirse con la suya y constituiría una amenaza a la paz regional, pues la multiplicación de los regímenes en AL es una receta para mayor inestabilidad, pobreza, emigraciones y tráfico de drogas. Significaría también la continuidad de la miseria y sufrimientos del pueblo venezolano con su consiguiente éxodo migratorio, además de la consolidación en suelo latinoamericano de un peón de Rusia, China e Irán y el fortalecimiento de los carteles. Sería, en resumen, una tragedia de grandes consecuencias. 

Es un desenlace que no hay que permitir. Por el contrario, hay que actuar ya para que no ocurra. Lo que se haga en Venezuela tendrá repercusiones más allá de sus fronteras; será un momento de inflexión para el continente que, si se maneja bien, con decisión y puño firme, puede alumbrar un renacer democrático y la ruina de los enemigos de la libertad.

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.

Opinión
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí