Trump de nuevo en el poder

Donald Trump comienza este lunes 20 de enero su segundo mandato como presidente de Estados Unidos (EE. UU.), que hasta ahora sigue siendo el país más poderoso del mundo.

Hasta ahora, decimos, porque China (cuya economía es capitalista de Estado, pero su régimen político es comunista y por lo tanto despótico), ha incrementado en gran medida su poder económico, tecnológico y militar, y está muy cerca de desplazar a la superpotencia norteamericana de la hegemonía mundial. Y también cerca de encabezar un nuevo orden geopolítico global opuesto al democrático occidental.

Trump vuelve a tomar el poder no solo con su conocido discurso agresivo y rupturista, sino también con mucha fuerza institucional y política en EE. UU., pues su partido Republicano es mayoritario en las dos cámaras del poder legislativo y además con mucha influencia en el poder judicial.

Personas relacionadas con el entorno político partidista de Trump en Washington aseguran que aunque él suele decir que para resolver los conflictos más graves “todas las opciones están sobre la mesa”, en realidad no piensa recurrir al uso de la fuerza militar para cumplir sus promesas y amenazas. Lo hará utilizando ante todo las eficaces herramientas económicas de los aranceles y tarifas para doblegar a sus adversarios e imponerles sus condiciones.

Branko Milanovic, el reconocido economista y politólogo estadounidense de origen serbio, que forma parte del Centro para Desarrollo Global en Washington, escribió en la edición de la revista mexicana Letras Libres del sábado recién pasado, que el regreso de Donald Trump al poder “el 20 de enero de 2025 marca el fin simbólico del neoliberalismo global”.

Según Milanovic, con Trump de nuevo en el poder en EE. UU. desaparecen los dos componentes del neoliberalismo. “El globalismo —explica Milanovic— se ha convertido en nacionalismo. El neoliberalismo ha pasado a aplicarse únicamente a la esfera económica. Sus componentes sociales —igualdad racial y de género, libre circulación de trabajadores, multiculturalismo— han muerto. Solo quedan los bajos tipos impositivos, la desregulación y el culto al beneficio”.

En cuanto a la política que aplicará o podría aplicar Trump en relación con América Latina y el Caribe, sobre todo con la crisis de derechos humanos en Nicaragua, que obviamente es lo que más interesa a los nicaragüenses, diversos líderes y analistas políticos están seguros de que dictará y ejecutará  una política más enérgica contra la dictadura sandinista de Ortega y Murillo. Sobre todo porque su secretario de Estado, o sea el encargado de la política exterior de EE. UU., será el senador cubano americano Marco Rubio quien ha abogado claramente por una política más beligerante contra las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Trump, cuando fue presidente de EE. UU. la primera vez, en el periodo de 2017 a 2021, impuso fuertes sanciones contra el régimen de Daniel Ortega e inclusive lo declaró una amenaza a la seguridad nacional estadounidense. El presidente demócrata Joe Biden mantuvo esa declaración durante todo su mandato y la volvió a renovar en noviembre del año recién pasado.

Sin embargo, como advierte Branko Milanovic, con Trump es muy difícil hacer predicciones. Asegura que ni el mismo Trump “sabe adónde llevará a Estados Unidos, al Occidente político y al mundo…” Y concluye que “solo dentro de unos años veremos su lógica”. 

Pero tal vez no será necesario esperar mucho tiempo para verlo. Henry Kissinger, el gran estratega yanqui de la geopolítica mundial que fue secretario de Estado de EE. UU. en los gobiernos republicanos de Richard Nixon y Gerald Ford, en enero de 2017 cuando Trump tomó el poder la primera vez, dijo que estepodría ser una de esas figuras que irrumpen en el panorama político muy de vez en cuando, marcan el final de una era y ponen el mundo patas arriba sin ser muy conscientes de ello y, a veces, casi por accidente”.

En efecto, Trump puso al mundo patas arriba en aquella oportunidad, pero en general no pudo cambiar el curso de los acontecimientos internacionales. Habrá que ver lo que ahora pueda y quiera hacer, con todo el poder que tendrá en sus manos, comenzando por América Latina, que obviamente es para Trump un patio trasero de EE. UU., como lo era en tiempos de Teodoro Roosevelt y su política del Big Stick (el gran garrote).  

Editorial
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