Pocos días antes de que Donald Trump asuma por segunda vez la Presidencia de Estados Unidos (EE. UU.), cuya nueva administración sin duda impactará fuertemente en la política latinoamericana y mundial, 33 excancilleres de América Latina dieron a conocer una declaración sobre los principales problemas del mundo actual.
Entre los excancilleres firmantes del documento que fue divulgado el jueves 16 de enero está el doctor Norman Caldera Cardenal, quien fue ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua en el gobierno democrático de don Enrique Bolaños Geyer (q.e.p.d.).
También firman el pronunciamiento algunos exfuncionarios de alto rango en organismos internacionales y no gubernamentales dedicados a la promoción de los valores democráticos y la defensa de los derechos humanos.
Sobre todo los excancilleres abogan en favor de que la región latinoamericana y del Caribe “recupere su voz y su protagonismo en defensa de los principios en los que siempre ha creído”. Se refieren a los consensos democráticos internacionales que se lograron al concluir la Segunda Guerra Mundial, como la solución de los conflictos entre los países mediante el diálogo y las negociaciones, y la prohibición del uso de la fuerza contra la soberanía nacional y la integridad territorial de cualquier Estado, por muy pequeño y débil que este sea.
Los principios de la convivencia internacional civilizada y pacífica basada en la cooperación de interés mutuo, están gravemente amenazados en la actualidad —advierten los exministros de relaciones exteriores—, por los “bloques de poder” que se han construido o se están construyendo “alrededor de la ley del más fuerte”. Y mencionan al respecto la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, la que repudian y piden al presidente estadounidense Donald Trump que mantenga la ayuda militar y financiera a la nación agredida, y que “continúe con sus esfuerzos de diálogo entre Moscú y Kiev para llegar a una negociación”.
No es la primera vez que los excancilleres de América Latina y el Caribe unen sus voces para expresar una posición común ante problemas candentes del acontecer latinoamericano y mundial. Un caso anterior de sumo interés para los nicaragüenses fue la declaración que cuarenta exministros de Relaciones Exteriores emitieron el 10 de noviembre de 2021, condenando el fraude electoral ocurrido el 7 del mismo mes en Nicaragua, mediante el cual Daniel Ortega “fue reelegido en un contexto de procedimientos coercitivos, represión e intimidación de la oposición”.
Los 40 excancilleres declararon que la votación del 7 de noviembre de 2021 para reelegir a Ortega “no reunió las mínimas condiciones de integridad, ni cumplió con ninguno de los estándares internacionales que debe tener una elección presidencial. El gobierno, con su actuación, no sólo ha contaminado el proceso electoral, sino que, en el ejercicio arbitrario del poder, ha ignorado los elementos esenciales de la democracia, como la independencia de poderes, la libertad de expresión, la alternancia en el poder y el pluralismo político”, se dijo en aquella contundente declaración.
Además, señalaron los 40 excancilleres que “la farsa electoral del 7 de noviembre (de 2021) marca el afianzamiento de un régimen totalitario en Nicaragua”, y llamaron a los gobiernos democráticos de las Américas a “desconocer y condenar el proceso electoral fraudulento diseñado por el régimen autocrático de Daniel Ortega… a no reconocer a las autoridades que surgen de esa votación amañada y a exigir la liberación inmediata de los presos políticos”.
De regreso a la declaración de esta semana de los 33 excancilleres latinoamericanos, incluyendo a Norman Caldera de Nicaragua, ellos rechazan la intención declarada de Donald Trump de recuperar para EE. UU. el control del Canal de Panamá, y expresan su solidaridad con el presidente (panameño) José Raúl Mulino.
“La voz que ha perdido América Latina en el escenario internacional se puede recuperar con espacios de concertación”, expresan los exministros de Relaciones Exteriores. Quienes hacen “un llamado a los países de la región a que construyan con la misma audacia y decisión de hace ochenta años una visión de un multilateralismo renovado en el que todos tengan cabida”.
Se trata de un magnífico deseo, sin duda, que ojalá fuese atendido por los que toman las grandes decisiones de la política internacional, como las que ya ha comenzado a tomar el nuevo presidente de EE. UU., Donald Trump.