El senador cubano-americano Marco Rubio compareció este miércoles 15 de enero ante un comité del Senado de Estados Unidos (EE. UU.), para pedir la aprobación a su nombramiento como secretario de Estado por parte del próximo presidente, Donald Trump.
En el sistema político de EE. UU., los nombramientos de los principales cargos que hace el presidente de la República para su gabinete de gobierno, uno de ellos el secretario de Estado, deben ser sometidos a la consideración del Senado para que este por medio de un comité de sus miembros los apruebe o rechace.
Este mecanismo —como explica el medio de información internacional Infobae— “es una expresión de uno de los principios fundamentales de la democracia estadounidense: la separación de poderes. A través de este mecanismo, el Senado ejerce un control sobre la autoridad del presidente para asegurar que las designaciones sean apropiadas para el país”.
Obviamente, la aprobación del próximo secretario de Estado de EE. UU. es una de las más fáciles para el Senado, al cual todavía pertenece Marco Rubio, quien además de sus reconocidas credenciales políticas y conocimiento de la política internacional, es la primera persona hispanoamericana en la historia que conducirá o ejecutará la política exterior estadounidense.
En su comparecencia ante el comité senatorial, Marco Rubio se refirió a todos los asuntos internacionales que son del interés y preocupación de EE. UU., desde la amenazante expansión mundial de China y la guerra de Rusia contra Ucrania, hasta las dictaduras de América Latina y el Caribe, entre ellas la sandinista de Nicaragua.
Según informó LA PRENSA el mismo miércoles 15 de enero, Rubio aseguró que el régimen de Nicaragua “representa una amenaza a la seguridad nacional de ese país por promover la migración irregular hacia el territorio estadounidense y además permitir la instalación de fuerzas militares rusas en el territorio nicaragüense”.
De hecho, el régimen de Ortega y Murillo está calificado como una amenaza a la seguridad nacional de EE. UU. desde el tiempo del primer gobierno de Trump. Este lo declaró así mediante una Orden Ejecutiva del 27 de noviembre de 2018, después de que la rebelión cívica de abril de ese año en Nicaragua fue aplastada con una violencia despiadada que dejó un saldo de más de 350 personas muertas, según reportes de los organismos internacionales de derechos humanos.
El gobierno de Joe Biden mantuvo esa declaración oficial y la renovó por última vez en noviembre del año recién pasado. Ahora la diferencia con el nuevo gobierno de Trump, según los analistas de la política estadounidense, es que Marco Rubio tiene mayor interés en América Latina y el Caribe y es un enemigo declarado y beligerante de las dictaduras existentes en Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Rubio no reveló en su comparecencia ante el Senado de EE. UU. cómo será en la práctica su estrategia política en la relación con esas dictaduras, porque eso no lo podía hacer en esa audiencia. Pero los conocedores de la política exterior estadounidense aseguran que será más dura que la practicada por el gobierno de Biden. Aunque nadie se atreve a predecir cómo podrá concretarse esa mayor dureza y hasta dónde podrá llegar.
Hasta el momento de redactar este editorial no se conocía ninguna reacción del régimen de Ortega y Murillo a las declaraciones del próximo secretario de Estado estadounidense. Pero cualquiera que vaya a ser, lo que se puede asegurar es que las relaciones de EE. UU. con el régimen de Nicaragua serán más tensas e inamistosas que como fueron con la administración demócrata de Joe Biden. Y tiempo de sobra habrá para saberlo y analizarlo.