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Es bueno, es necesario, que los nicaragüenses soñemos —en el sentido de anhelar e imaginar— una patria nueva, distinta. En mi artículo anterior (“Atrevámonos a Soñar” L. Prensa 30/12/2024) compartía con el lector la visión de algunos cambios ideales que acompañarían la creación de una Nicaragua democrática, próspera y pacífica. El problema que estos cambios, por muy buenos que puedan juzgarse, necesitan un complemento indispensable: una ciudadanía distinta.
Podríamos concebir la constitución más sabia del mundo, las leyes más justas, diseñar con expertos las mejores instituciones públicas, pero todo este andamiaje, que es importante y que definitivamente hay que saber construir, tendrá los pies de barro sin una ciudadanía suficientemente ética.
Imaginemos que, en una sociedad compuesta mayoritariamente de ciudadanos mentirosos, ladrones, vivianes y codiciosos, imponemos la mejor constitución y el mejor andamiaje legal del mundo. No es probable, sino seguro, que ellos no tardarán mucho en burlar sus disposiciones: sobornarán a sus jueces, reinterpretarán las normas, usarán los mismos mecanismos jurídicos para modificar leyes que les incomoden, usarán uno y mil trucos y, al final, todo el bello y bien pensado andamiaje quedará comido por las termitas de la corrupción. Los ejemplos abundan.
Es necesario pues, soñar también con una Nicaragua no sólo con instituciones distintas sino con ciudadanos distintos. Una patria nueva no puede construirse sin hombre y mujeres nuevos. Esta, desafortunadamente, es la parte más difícil del sueño, pues es mucho más fácil cambiar leyes que hombres. Valga, sin embargo, el esfuerzo por soñar cómo serían esos ciudadanos distintos, habida cuenta de que los sueños, por utópicos o irrealizables que parezcan, suelen generar fuerzas potentes para acercarse a ellos.
Comencemos soñando con una Nicaragua poblada por hombres y mujeres de una pieza: honestos, sinceros, leales y responsables. Un país donde quien dejó olvidada su cartera en el parque la recupera más tarde porque alguien la encontró y buscó a su dueño. Un país donde el comprador sabe que el vendedor no le está mintiendo, donde el ama de casa puede dejar sin llave su closet sin miedo a que algo se pierda.
Un país donde ha cesado el abandono paterno. Donde la mayoría se casa, ante Dios y los hombres, en lugar de juntarse; donde los hombres dejan de gastar sus ingresos en guaro, son fieles a sus mujeres, y ellas a ellos, mientras dedican buena parte de su tiempo y esfuerzos a educar a sus hijos. Hogares en que se lee la Biblia y se hacen oraciones juntos. Un país donde los jóvenes tratan de ser castos hasta el matrimonio y toman en serio sus noviazgos. Un país donde los estudiantes no se drogan ni copian, que tienen gran curiosidad por aprender y descubrir, leen mucho, discuten con tolerancia sus ideas y no se dejan llevar por las modas o vientos dominantes.
Unos profesionales, operarios, artesanos, técnicos, obreros y campesinos, todos empeñados en realizar sus trabajos y tareas con perfección y honradez, aspirando a ser los mejores en su ramo.
Un país donde no se envidia ni desprecia al emprendedor de éxito, sino que se le estima y admira, donde patronos y trabajadores son amigos, donde los primeros son justos y generosos con sus empleados y donde estos hacen bien y a conciencia sus labores.
Unos hogares y escuelas donde niños y jóvenes aprenden, por encima de todo, las virtudes fundamentales; la honradez, la sinceridad, el auto dominio, la cortesía, el servicio, la responsabilidad, etc. Un país donde la docencia es altamente valorada y bien remunerada, y donde son evaluados y promovidos de acuerdo con su desempeño.
Unos empleados, o servidores públicos, esmerados en atender con amabilidad a la ciudadanía y a facilitarle, en vez de complicarle, sus gestiones. Además, servidores escogidos y promovidos exclusivamente por su competencia y calidad de servicio.
Estos y más sueños podría añadirse, pero dejando pendiente el gran interrogante: ¿Cómo lograrlo?
El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.