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No es malo soñar. Muchos de los hombres que han cambiado el mundo han sido visionarios que han puesto su empeño en realizar sus sueños. Como Colón, que soñaba con descubrir las indias, o como Martin Luther King, mártir de los derechos civiles de los negros norteamericanos, que soñó con la igualdad racial. Su famoso discurso: I have a dream (Yo tengo un sueño) delineó algunos de ellos:
“Sueño con una nación donde lo niños no serán juzgados por el color de su piel sino por sus méritos,” “…donde los hijos de los esclavos compartirán la mesa con los hijos de los esclavistas…”, “donde el estado de Mississippi, sofocante por el calor de la injusticia y sofocante por el calor de la opresión, se transformaría en un oasis de paz y justicia”. La expresión de sus sueños energizó su lucha y fue instrumental en lograr grandes victorias.
Igual podemos hacer nosotros, los nicaragüenses: manifestar nuestros sueños; dibujar la patria que anhelamos en lo profundo de nuestro corazón. Quizás no coincidamos en todo, pero expresarlos puede llevar a un común denominador capaz de unir los vigores dispersos y generar la energía y entusiasmo para realizarlos.A manera de borrador, desordenado y preliminar, me atrevo a mencionar algunos sueños, quizás compartidos por muchos:
Una patria libre de tiranos, caudillos o indispensables; donde los presidentes o jefes de Estado, son electos en comicios libres, abiertos a la observación internacional, y que son servidores y no amos del pueblo; donde ellos y sus ministros circulan sin escoltas y que al terminar sus períodos se marchan a sus casas, mas no sin antes rendir cuentas que demuestren que salen con igual o menos dinero que cuando entraron.
Ciudades donde en lugar de arbolatas vemos ahora árboles frondosos; con una avenida Bolívar donde Cristo ha sustituido la efigie de Chávez, y que está flanqueada por ceibos, guanacastes, madroños y malinches, bajo cuya sombra festejan su liberación los desterrados y su pueblo.
Una patria donde todos se sienten libres, sin miedo, respetados; donde a nadie se persigue o discrimina por sus ideas, donde desde el hombre de la calle hasta el empleado público opinen sin temor a represalias ni desempleo. Una patria con irrestricta libertad de opinión, con centenares de medios de comunicación independientes y sin trabas.
Una patria que abolió el ejército y donde la educación es ahora el gasto mayor del Estado; donde se prioriza la educación de calidad para los pobres, donde proliferan los centros privados, se premia el mérito docente y se enfatiza la transmisión de valores y virtudes. Un sistema donde el presupuesto de la educación superior va directamente a los estudiantes y no al CNU a través de un sistema de cupones o vouchers.
Una patria que saltó de la pobreza a la prosperidad; donde nadie sufre hambre y abundan las oportunidades. Todo porque aplicó las medidas que las sociedades más exitosas han seguido. Creó el ambiente más amigable posible para quienes producen riquezas y empleos —los empresarios nacionales y las inversiones extranjeras— reduciéndoles los impuestos, las regulaciones y la tramitología, manteniendo la plena libertad económica y garantizándoles seguridad jurídica a través de un sistema judicial independiente, honrado y profesional.
Una patria a la que regresaron centenares de sacerdotes, monjitas y pastores, que ahora marchan con su pueblo en procesiones multitudinarias y fervorosas, mientras se multiplican sus escuelas y universidades, a la par de millares de ONG.
Una patria amiga con Estados Unidos y los países democráticos a los que ha ofertado los derechos exclusivos para construir un eventual canal y una base militar y de los que recibe cuantiosas ayudas y términos de intercambio favorables, mientras desconoce cualquier deuda o privilegios pactados antes por Ortega con cualquier país.
Una patria donde se protege el derecho a la vida, desde la concepción hasta su fin natural, donde la familia monogámica recibe ayuda preferencial del Estado, donde se promueven con incentivos fiscales las uniones matrimoniales y se penaliza severamente el abandono paterno.
Una patria que, tras librarse de la opresión de los tiranos, es ahora un oasis de justicia y paz sobre el que ondea, majestuosa y limpia, la bandera azul y blanco, la única ante quien se cuadran los nicaragüenses.
El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.