En el año 2024 que está a punto de terminar hubo acontecimientos internacionales que son dignos de ser destacados y recordados.
Ante todo, Francia y en particular la ciudad de París, su capital, fue escenario de dos acontecimientos históricos de repercusión planetaria. Primero, los Juegos Olímpicos del 26 de julio al 11 de agosto que, al margen de posiciones en el medallero, fueron un clamor universal de paz en un mundo incendiado por la guerra en distintos lugares. Y segundo, la reinauguración de la Catedral de Nuestra Señora (Notre Dame), que en 2019 fue arrasada por un voraz incendio. Notre Dame es un símbolo de la perennidad de la Iglesia católica, de su capacidad de sobrevivir a cualquier calamidad y de ver pasar el funeral de todos sus enemigos que a lo largo de la historia en vano la han querido destruir.
Otro acontecimiento que por lo trágico estremeció a la opinión pública mundial fue el asesinato en la cárcel de Alexéi Navalni, líder de la oposición democrática al autocrático e imperial presidente de Rusia, Vladímir Putin. Navalni fue una inspiración para el pueblo ruso y su bandera ha sido levantada por Yulia Navalnaya, su valiente viuda que desde el exilio continúa la arriesgada lucha por la libertad y la democracia en su país.
En cuanto a hechos negativos, sin duda que lo peor ha sido la continuación de las guerras en Ucrania y el Oriente Medio, que por el involucramiento de las grandes potencias nucleares amenaza con degenerar en un cataclismo universal.
También hay que mencionar el cambio climático, que durante el año que concluye siguió causando grandes desastres naturales y tragedias humanas colectivas en distintas partes de la Tierra.
Otro hecho muy negativo ha sido la continuación del declive de la democracia en el mundo y el avance de los extremismos de derecha e izquierda, que son enemigos declarados o solapados de la libertad y la democracia. A lo que hay que agregar que sigue la expansión geopolítica de las grandes potencias mundiales autoritarias y hegemonistas, Rusia y China.
No podemos dejar de mencionar la hazaña de la oposición cívica democrática de Venezuela, que aprovechó una transitoria apertura de oportunidad electoral para derrotar en las urnas a la dictadura izquierdista de Nicolás Maduro y su partido socialista. Ellos no reconocieron su derrota y se han aferrado más al poder por medio de una cruda represión, pero el triunfo opositor en las elecciones del 28 de julio merece ser destacado como un episodio épico en la historia contemporánea de la lucha por la democracia, en Venezuela, las Américas y el mundo entero.
Igualmente fue un hecho político de gran significación internacional la victoria electoral de Donald Trump en Estados Unidos (EE. UU.). Por ser este país la primera potencia mundial y debido a las promesas y amenazas de Donald Trump, el mundo entero está en vilo ante la expectativa de lo que podría ocurrir a partir del 20 de enero, cuando el arrogante y autoritario presidente electo estadounidense asuma el mando presidencial con el respaldo mayoritario de las dos cámaras del poder legislativo.
Para terminar, debemos mencionar el acontecimiento político de mayor significación en 2024, visto desde la perspectiva de la libertad y la democracia. Nos referimos al derrocamiento de Bashar al Assad en Siria, quien sostenido por las armas de Rusia encabezaba una sangrienta tiranía dinástica de más de seis décadas, derrocado el recién pasado 8 de diciembre al cabo de una guerra civil de 13 años.
Cualquiera que sea el curso que sigan los acontecimientos en la nueva Siria, el derrocamiento de Bashar al Assad ha demostrado, una vez más en la historia, que las dictaduras y las tiranías no duran para siempre, que por muy fuertes que parezcan y aunque tengan aliados muy poderosos, tarde o temprano terminan cayendo por las buenas o por las malas.
Ojalá que el nuevo año le traiga a la humanidad el fin de otras dictaduras de las tantas que por desgracia hay en diversos lugares del mundo.