El presidente electo estadounidense, Donald Trump, causó gran revuelo mediático, pero sobre todo mucha preocupación en América Latina y el Caribe, con su declaración de que podría intentar la recuperación del Canal de Panamá para Estados Unidos (EE. UU.).
Al parecer ese propósito podría ser parte de su objetivo de “hacer grande a América (EE. UU.) otra vez”, que fue su lema de campaña en 2016 y 2024.
Un poco antes, Trump había expresado que Canadá debería ser un estado más de EE. UU. Y después de hablar sobre la posible recuperación del Canal de Panamá para la gran potencia americana, declaró que también tiene interés en anexarse Groenlandia, la gran isla de Dinamarca situada entre los océanos Atlántico y Glacial Ártico.
Trump no ha sido claro en cuanto al verdadero significado y dimensión de su lema, “hacer grande a América (EE. UU.) otra vez”. Algunos de sus partidarios e intérpretes dicen que significa promover el renacimiento económico de EE. UU., pues ese fue el sentido con el que Ronald Reagan acuñó ese lema de campaña electoral en 1980.
Otros aseguran que se refiere a restaurar el orgullo nacional estadounidense, mediante la recuperación de sus valores culturales, religiosos y políticos fundamentales. Así como también a fortalecer la seguridad nacional de EE. UU., proteger sus fronteras, detener la invasión masiva de migrantes ilegales y expulsar a todos los que ya están en ese país.
Ahora, a partir de las declaraciones de Trump sobre su interés en recuperar el Canal de Panamá y anexarse Canadá y Groenlandia (como en sus tiempones EE. UU. se anexó extensos territorios de México y compró los que hoy son los estados de Luisiana y Alaska), se puede decir, o por lo menos suponer, que “hacer grande a América (EE. UU.) otra vez” significa volver a practicar la política del Big Stick o gran garrote.
Esta política imperialista fue fraguada y practicada por el presidente Teodoro Roosevelt (1858-1919) durante la gran expansión imperial de EE. UU., a principios del siglo XX. La derivó de la frase que él mismo dijo en uno de sus discursos políticos: “Habla con suavidad, pero blande un gran garrote, pues así llegarás lejos”. Y vaya que sí usaron el garrote imperialista, él y los siguientes presidentes estadounidenses a lo largo de dicho siglo.
EE. UU. promovió la secesión de la provincia de Panamá del territorio de Colombia al que pertenecía, para construir el Canal Interoceánico que fue de su propiedad hasta el 31 de diciembre de 1999. Y perpetró intervenciones armadas en diversos países de América Latina y el Caribe, incluyendo a Nicaragua en tres ocasiones.
Precisamente la tercera intervención militar de EE. UU. en Nicaragua causó como reacción la guerra antimperialista que encabezó el héroe nacional Augusto C. Sandino, hasta que las tropas yanquis se retiraron del territorio nacional el 1 de enero de 1933.
En los últimos años EE. UU. sustituyó la política imperialista del gran garrote con programas amistosos de cooperación para promover el desarrollo de los países latinoamericanos y del Caribe. Pero el resentimiento por sus intervenciones armadas e imposiciones políticas imperialistas del pasado sigue vivo en algunos sectores sociales de estos países.
Es improbable o sumamente difícil que Trump pueda satisfacer su apetito de expansión imperial estadounidense, porque el mundo de hoy es muy diferente al de la época de Teodoro Roosevelt. Pero con sus amenazas le da aliento de hecho a los movimientos de izquierda revolucionaria, que en algunos países latinoamericanos han tomado el poder para imponer dictaduras hostiles a EE. UU., y ponerse bajo la influencia de Rusia y China, y el colmo es que hasta de la tiranía teocrática de Irán.