El recién pasado miércoles 18 de diciembre, monseñor Rolando Álvarez celebró su primera misa pública en el exilio. Lo hizo en la parroquia de Nuestra Señora de las Huertas, en el municipio de Puebla de los Infantes, en Sevilla, capital de la Comunidad Autónoma de Andalucía, en España.
La primera eucaristía pública del martirizado obispo de Matagalpa —que estuvo preso durante 11 meses, lo condenaron a 26 años de prisión por falsas acusaciones, lo desterraron y despojaron de su nacionalidad— coincidió con las vísperas de la conmemoración del centenario de la Diócesis de Matagalpa, que él sigue presidiendo aunque esté en el exilio.
Por la implacable persecución religiosa desatada por el régimen y su particular ensañamiento con la Iglesia católica de Nicaragua, la Diócesis de Matagalpa ha debido celebrar su primer centenario en silencio y oración. En otras circunstancias, en situación de libertad y tolerancia religiosa, esa celebración debió ser con gran solemnidad y participación masiva del pueblo matagalpino.
La Diócesis de Matagalpa fue creada el 19 de diciembre de 1924 por el papa Pío XI mediante la bula papal Salus animarum, “salvación de las almas”, de conformidad con la regla católica de que el fin del ordenamiento canónico es la salvación de las almas.
Pío XI creó la Diócesis de Matagalpa como sufragánea (o sea bajo la autoridad) de la Arquidiócesis de Managua. Sin embargo, desde el Concilio Vaticano II (1962-1965) la autoridad de la Arquidiócesis de Managua sobre la diócesis matagalpina es más bien simbólica, su obispo titular tiene las mismas facultades de los otros prelados en sus diócesis respectivas.
Inclusive, se puede decir que monseñor Rolando Álvarez tiene más prerrogativas que los demás obispos, pues además de ejercer el obispado de Matagalpa es administrador apostólico de la Diócesis de Estelí, que está vacante desde 2021 cuando renunció por edad monseñor Abelardo Mata.
Desde su creación en 1924, la Diócesis de Matagalpa ha tenido 9 obispos. El primero de ellos fue monseñor Isidro Carrillo y Salazar, y el noveno el actual titular, monseñor Rolando Álvarez. Dos arzobispos de Managua, monseñor Alejandro González y Robleto, y el ahora cardenal Leopoldo Brenes, fueron también obispos de Matagalpa.
Hasta la gran persecución religiosa y represión del régimen contra la Iglesia católica de Nicaragua, que comenzó en 2018 y continúa hasta ahora, según la abogada investigadora Martha Patricia Molina, la Diócesis de Matagalpa tenía 71 sacerdotes para atender a la población católica del departamento, calculada en más de 616,000 creyentes y feligreses.
La persecución del régimen ha diezmado al orden sacerdotal matagalpino, al grado de que ahora, de acuerdo con la mencionada investigadora, quedan apenas 13.
Pero la Diócesis de Matagalpa resiste en silencio y oración, igual que toda la Iglesia católica de Nicaragua, con fe y la esperanza en que la gran tribulación que está sufriendo ahora también pasará.
Como han pasado todas las persecuciones que ha sufrido la Iglesia católica en el mundo, a lo largo de su historia de más de dos mil años. Pues, como dijera el ahora desterrado monseñor Silvio Fonseca, quien era el vicario de la familia de la Arquidiócesis de Managua, “la Iglesia ha visto pasar el funeral de sus enemigos, pero ningún enemigo ha visto pasar el funeral de la Iglesia”.