En el discurso que pronunció en la Cumbre de los gobiernos del Alba, el sábado 14 de diciembre en Venezuela, Daniel Ortega dijo que es cristiano y comparó al desaparecido dictador venezolano, Hugo Chávez, con el mismo Jesucristo. Así lo informaron los medios independientes nicaragüenses, entre ellos LA PRENSA.
Al respecto cabe recordar que en febrero de 2005 Hugo Chávez se proclamó socialista públicamente, en el Foro Mundial de Porto Alegre. Después, pero antes de su reelección presidencial en febrero de 2006, Chávez dijo que el llamado “socialismo del siglo XXI” promovido por él mismo con Fidel Castro y Lula da Silva “está inspirado en los clásicos del marxismo y en los evangelios”. “Jesucristo fue el primer socialista y Judas el primer capitalista”, aseguró el extinto dictador venezolano. Y agregó que si Simón Bolívar no hubiera muerto en 1830 “hubiera sido socialista”.
En el mismo 2006, Daniel Ortega aspiraba a su primera reelección presidencial y en la campaña electoral declaró públicamente que era un devoto cristiano. La elección de ese año sería libre y competitiva (la última de esa clase que hubo en Nicaragua), pero a pesar del impulso que le había dado el pacto con Arnoldo Alemán, Ortega no tenía suficiente apoyo popular como para ganar la elección presidencial.
El caudillo sandinista necesitaba presentar otra cara a la población, simular que era una persona distinta a la que gobernó el país autoritariamente durante su primera dictadura. Y no encontró nada mejor que presentarse como un fervoroso cristiano.
En realidad, desde hace mucho tiempo ha habido quienes aseguren, incluso con argumentos teológicos e interpretaciones particulares de los evangelios, que Jesucristo era un revolucionario y el primer comunista de la historia. Esa fue la base ideológica de sustentación de la llamada “teología de la liberación” y la Iglesia Popular que el sandinismo promovió en Nicaragua durante la primera revolución sandinista, para socavar a la Iglesia católica.
Para demostrar la falsedad y el carácter blasfemo de esa doctrina ideológica y corriente política que pretende presentar a Jesucristo como un revolucionario comunista, el historiador y dirigente político español Percival Manglano aclaró en un escrito de opinión que, primero, “Jesucristo predicó dar lo propio a los necesitados, no lo ajeno… El concepto de que un poder quite por la fuerza a unos para dar a otros es ajeno a Cristo… El socialismo —en cambio— se basa en que el Estado redistribuya la riqueza por la fuerza… El socialismo, pues, deshumaniza la solidaridad. Nada puede haber más contrario a las enseñanzas de Cristo”.
Segundo: “El mensaje de Cristo exalta los sentimientos más altos del ser humano: el amor, la generosidad, el entendimiento, la compasión, el perdón”. Por el contrario, el mensaje del socialismo revolucionario “excita el resentimiento, el odio, la envidia, la venganza… Para Cristo, el bienestar de unos no depende del malestar de otros. Al revés, la felicidad depende de actos individuales de esfuerzo moral y ético”.
Y tercero, “Jesucristo distinguió el poder temporal del espiritual. La importancia de proclamar ‘Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’ es que vacuna contra el totalitarismo. En función de esta máxima, ningún poder debe acaparar toda autoridad sobre cada ser humano… Pero el socialismo no cree más que en el poder terrenal: todo es política, todo debe estar supeditado a la política”. Y a la peor política agregamos nosotros, que es la totalitaria.
Manglano advierte finalmente que la mejor forma de refutar a quienes dicen que Jesucristo era un revolucionario comunista “es imaginarse el trato que habría recibido Jesucristo de haber vivido y predicado en un país regido por el socialismo”.
Como por ejemplo Cuba, Venezuela o Nicaragua actualmente.