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Al padre Asdrúbal Zeledón lo custodiaron al menos cinco agentes de la Dirección General de Migración y Extranjería (DGME) en el Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino. Al entregarle su pasaporte, le informaron que no podía regresar al país luego de “su viaje”, un eufemismo empleado por los funcionarios para referirse al destierro al que lo estaban sometiendo.
Zeledón, rector del Santuario de Nuestro Señor de Esquipulas en la Diócesis de Jinotega, abordó el avión el 31 de octubre de 2024, tras permanecer 36 días bajo “arresto domiciliario” en el Seminario Interdiocesano Nuestra Señora de Fátima, según revelaron a LA PRENSA fuentes cercanas que solicitaron el anonimato por temor a represalias.
“El padre fue obligado a salir como turista. Ante la opinión pública, él salió de forma voluntaria. Pero no fue a ningún viaje, salió porque lo obligaron”, dijo una fuente.
Las fuentes señalaron que al padre Zeledón lo secuestraron el 25 de septiembre en la estación policial de Jinotega, a donde acudió tras recibir una cita para retirar los objetos que se habían robado la noche anterior en el Santuario del que era rector. De ahí lo trasladaron a la delegación del Distrito III de la Policía sandinista en Managua, lugar al que llevan a la mayoría de los sacerdotes y presos políticos al momento de su secuestro. Ese mismo día lo entregaron en el Seminario Interdiocesano de Fátima, en Managua, donde permaneció en silencio.
La fuente indicó que Zeledón se encuentra en España, donde un obispo lo acogió.
Acusaron al padre de “autorrobo”
Una fuente señaló que la noche del 24 de septiembre se registró un segundo robo en el Santuario y que el padre Zeledón puso la denuncia al día siguiente a tempranas horas. Posteriormente, la Policía lo citó y lo trasladaron a Managua, donde la Policía lo interrogó y lo acusó de cometer “autorrobo” y de pretender atentar contra el régimen Ortega Murillo.
Además, lo señalaron por otros supuestos delitos, entre ellos ser “opositor” a la dictadura y mantener comunicación con el obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, según la fuente.
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“La acusación de tener comunicación con monseñor Álvarez fue una tontería, porque el padre Asdrúbal pertenece a la Diócesis de monseñor Carlos Herrera. Además, aunque así fuera, el padre tiene derecho a comunicarse con quien desee”, afirmó el feligrés.
El primer robo se registró el 8 de junio de 2023, y Zeledón lo denunció en redes sociales. No obstante, el segundo incidente prefirió no denunciarlo.
Sacerdotes y obispos desterrados
El 13 de noviembre de este año, monseñor Carlos Herrera, obispo de la Diócesis de Jinotega y presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, enfrentó una situación similar y fue desterrado a Guatemala.
LA PRENSA supo que Herrera y su asistente, Emily Silva, sostuvieron una reunión en la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) en Managua, en la que también estuvo presente el cardenal Leopoldo Brenes, esa vez escoltado por más policías de lo habitual.
“Cuando él salió de la reunión y regresaba a Jinotega, lo detuvieron dos patrullas y tres camionetas. Cuando los policías abrieron las puertas de la camioneta, con muchísima violencia lo bajaron y lo pasaron a otro vehículo”, relató la fuente.

Presión sobre sacerdotes
Una feligresa afirmó, bajo condición de anonimato, que debido a la represión de la dictadura en el país, los sacerdotes enfrentan constantes presiones y hostigamiento por parte de la Policía y de civiles. “Los sacerdotes enfrentan una situación de mucho riesgo, porque hay gente que los graba durante las homilías. Algunos tienen hasta cinco policías en las iglesias”, relató la feligresa.
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Con la expulsión del padre Zeledón, suman más de 150 sacerdotes desterrados y exiliados, además de cuatro obispos y cuatro seminaristas.
“La situación de la Iglesia en Nicaragua es de ‘sálvese quien pueda’. Nadie mete las manos al fuego por otra persona, porque saben el destino que les espera”, añadió la fuente.