Nuevas esperanzas para Nicaragua

En la segunda quincena de enero del presente año se publicó en LA PRENSA un artículo de mi autoría titulado “Nixon, EE. UU. y Centroamérica”, en el que advertía a la opinión pública nacional e internacional sobre los peligros que estaban corriendo, no solo los países de nuestra región centroamericana sino de toda América Latina, por el avance desde Nicaragua de los regímenes totalitarios de Rusia y China comunista, que presiden Putin y Xi Jinping, respectivamente.

En esa ocasión puse las palabras proféticas de Nixon en su libro 1999 Victoria sin guerra que para esos días cumplía varios años de publicado. Expresaba Nixon en ese libro: “Si los sandinistas consolidan su control en Nicaragua las consecuencias incluirán insurgencias comunistas y mayor inestabilidad en Centroamérica”. La inestabilidad ya está dada y las insurgencias no tardarán en llegar o a lo mejor para los comunistas, no tendrán necesidad de ellas.

Es vox populi que Cuba, Venezuela y Nicaragua desde hace varios lustros se han convertido en bases de operaciones de grupos terroristas patrocinados por Irán y las otras dos potencias totalitarias. Y mientras nuestros pueblos inermes mueren ensangrentados en las calles luchando por sus libertades y por sus derechos humanos, la gran potencia del norte a quien llaman “líder del Mundo Libre”, se ha limitado en aplicar simples paliativos, como las sanciones individuales.

No obstante lo anterior, hay indicios esperanzadores para los pueblos oprimidos como Cuba, Venezuela y Nicaragua, que están sufriendo en carne propia los desafueros de las dictaduras, y en los que se resisten como Colombia, Honduras y Bolivia, ya que están demostrando con hechos fehacientes que no van a permitir que prevalezcan las pretensiones de quienes, por su afán de poder y riqueza, quieren seguir dirigiendo a perpetuidad los destinos de sus países.

Y en cuanto a la comunidad internacional, veo con optimismo muy bien fundamentado como tanto del norte como del sur de las Américas, vienen soplando vientos impetuosos de libertad que presagian, para cercanos días, que se haga realidad el sueño del Libertador Simón Bolívar, cuando afirmó: “La libertad del Nuevo Mundo es la esperanza del Universo”.

Los vientos de libertad que nos soplan del norte vienen ligados necesariamente a las elecciones nacionales (Ejecutivo y Legislativo) del pasado 5 de noviembre en los Estados Unidos. El triunfo rotundo de Donald Trump y el Partido Republicano, nos augura mejores días para los pueblos oprimidos del mundo. Trump, se ha comprometido con sus electores a promover la grandeza de los EE. UU. y está convencido, según informes que me llegan, de que la mejor forma de evitar la inmigración de latinoamericanos a su nación (uno de los temas básicos de su programa de gobierno en la campaña) es ayudar a los pueblos oprimidos a liberarse de las dictaduras, ya que estas son las que producen en un mayor número esas migraciones. Cuba (2 millones), Venezuela (7millones), Nicaragua (900 mil).

No es por casualidad entonces que Trump haya nombrado como su secretario de Estado al senador Marco Rubio, quien desde su tribuna en el Capitolio reclamó enérgicamente y varias veces a la administración Biden, por su blandenguería con las dictaduras imperantes en América Latina. Sea por su ascendencia hispana o sea por su conocimiento de la forma cruel y perversa como actúan esas dictaduras, Marco Rubio ha proclamado en altas voces que va a seguir luchando por erradicar esos regímenes oprobiosos de nuestro continente. Pronto veremos si su desempeño político en la praxis es consecuente con lo que ha predicado.

La otra buena noticia que traen los vientos, esta vez del sur, son las declaraciones de la líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, quien a partir del próximo 10 de enero del 2025 acompañará en el gobierno de esa hermana nación al triunfador en las elecciones del 28 de julio pasado, Edmundo González Urrutia. Ella declaró enfáticamente que “una vez que asumamos el gobierno después de terminar con la dictadura de Maduro, iremos a ayudar a las poblaciones de Cuba y Nicaragua, para que también caigan los dictadores Miguel Díaz Canel y Daniel Ortega”.

Lo más importante ahora es que los nicaragüenses demócratas nos mantengamos unidos hasta alcanzar la democracia para nuestro país.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

Opinión
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