No pudo Sheynnis venir a Nicaragua, pero cubrió a su patria de gloria

Este sábado 16 de noviembre se elige en México a la nueva Miss Universo y termina el año de reinado mundial de belleza femenina de Sheynnis Palacios. Lo termina sin que pudiera volver  a su patria para celebrar con su propio pueblo la gloria de ser la única Miss Universo nicaragüense de la historia.

Pero si no pudo hacerlo no fue por su voluntad. Sheynnis manifestó en varias ocasiones su vehemente deseo de ir a Nicaragua para lucir su corona en su propia tierra. LA PRENSA informó el viernes 1 de noviembre que Sheynnis dijo en Miami durante una visita a esa metrópolis del sur de la Florida: “La patria que me vio crecer, nacer y, por supuesto, forjarme como la mujer que soy, merece que celebremos su primer triunfo y también el triunfo histórico para toda Latinoamérica (…) Estamos en preparativos para llegar a nuestro hermoso país”.

Pero, desafortunadamente, no pudo cumplir ese ferviente deseo porque no se lo permitió el régimen de represión total, política, social, religiosa y cultural que impera en el país.

Para entender el porqué de esa represión irracional que convirtió en exiliada a una reina universal de belleza, hay que saber cuál es la naturaleza del totalitarismo. Es un sistema político extremadamente autoritario que despliega sobre las cosas y las personas un poder ilimitado, envolvente y avasallador. Un poder estatal que se introduce en todos los resquicios de la trama social, para controlarla. Todo tiene que ser competencia estatal. No puede haber esferas de derechos para  personas ni entidades de iniciativas independientes. Hasta las manifestaciones más privadas deben ser sometidas al control del poder político estatal, y con mayor razón  eventos que trascienden al mundo como es la coronación de una reina universal de la belleza femenina.

En la historia del certamen internacional de Miss Universo, que en su versión moderna comenzó en 1952, esta es la primera vez que una mujer que ha ganado el título no puede o no le permiten regresar al país que la vio nacer para compartir la gloria obtenida con sus compatriotas.

Es una situación vergonzosa. Pero no para Nicaragua ni para los nicaragüenses, sino para quienes por su ejercicio abusivo del poder no le permitieron a la única Miss Universo nicaragüense en la historia visitar su propio país durante su reinado.

Sheynnis Palacios tuvo que llevarse al extranjero a sus familiares más cercanos para poder compartir con ellos la gloria de su triunfo personal. Y probablemente no podrá volver a Nicaragua mientras el actual régimen permanezca en el poder y el país no haya recuperado su democracia.

Sin embargo, Sheynnis Palacios, la Miss Universo nicaragüense, ya inflamó de orgullo a su pueblo y para siempre cubrió de gloria a su patria.

Editorial
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