Pepe Mujica: unos dicen que está loco, otros como el Times Higher Education lo calificaron cuando fue presidente de la República de Uruguay del 2010 al 2015 como el presidente filósofo y hay unos terceros, entre los cuales me incluyo yo, que lo consideramos como uno de los líderes más prominentes de la auténtica izquierda-democrática latinoamericana.
Mujica es sin duda alguna, uno de los más grandes pensadores de nuestra era si nos basamos en lo que nuestro gran Rubén Darío escribió en relación con otro eximio uruguayo llamado José Enrique Rodó (1871-1917) quien fue contemporáneo suyo. En la revista Mundial que nuestro compatriota dirigía en el año 1912, en el comentario que le dedicó a Rodó expresa lo siguiente: “El oficio de pensar es de los más graves y peligrosos sobre la faz de la tierra” para agregar a renglón seguido que “José Enrique Rodó es el pensador de nuestros nuevos tiempos y para buscar siempre el parangón en el otro plato de la balanza americana diremos que corresponde a Emerson”. Emerson fue un destacado filósofo norteamericano.
De paso, es imperativamente necesario recordar que Rodó fue autor de varias obras clásicas como su mensaje a la juventud en Ariel, Motivos de Proteo, Jacobinismo y liberalismo y Hombres de América. Esta última se refiere a Bolívar, Montalvo y Rubén Darío.
Me permito dar algunos datos biográficos de Pepe Mujica, porque para nosotros los centroamericanos que tenemos guardando prisión por corruptos a varios expresidentes guatemaltecos, salvadoreños, hondureños y en Nicaragua esperando su turno a una pareja de usurpadores, que aún se aferra al poder, es francamente caso de locura darnos cuenta que Pepe Mujica quien gobernó Uruguay durante 5 años no se manchó de sangre las manos reprimiendo a sus compatriotas ni se las ensució metiéndolas en el erario público, y muy por el contrario respetó siempre la Constitución, los derechos humanos de sus conciudadanos y el sueldo a que tenía derecho como presidente de 12 mil dólares mensuales, lo mandó a distribuir puntualmente cada mes entre los más pobres de su nación.
Otra razón que me impulsó a escribir este artículo es leer en varios diarios latinoamericanos sus acertadas declaraciones en relación a los casos de Nicaragua y Venezuela, en las que Mujica expresa su decepción por la metamorfosis de los comandantes del FSLN y de los Ortega-Murillo -que de guerrilleros pasaron a dictadores– y en las que les señala muy sabiamente que lo mejor que pueden hacer es irse y dejar en paz a los nicaragüenses.
Rápida semblanza de Mujica: José Alberto Mujica Cordano, mejor conocido como Pepe Mujica, nació en Montevideo, Uruguay el 20 de mayo de 1935. Es exguerrillero, formó parte de los Tupamaros. Fue secuestrador de personalidades, asaltante de bancos y en uno de esos asaltos recibió 6 balazos que lo tuvieron al borde de la muerte. Fue encarcelado y estuvo 13 años en prisión donde fue torturado varias veces. No le gusta andar con guardaespaldas y es ajeno a toda ostentación oropelesca.
Cuando salió de la cárcel se dedicó a la política y tras dura lucha desempeñó los siguientes cargos: ministro de Agricultura (2005), presidente de la República (2010-2015) y senador de la República (2020). Está casado con la también exguerrillera Lucía Topolanski y como cuando gobernó Uruguay no le hizo daño a nadie, hoy vive tranquilo con su esposa en una pequeña finca que tienen en los alrededores de Montevideo. Durante su gobierno Uruguay progresó notablemente y su pueblo nunca sufrió de violaciones a sus derechos humanos, no tuvo que confiscar a nadie para combatir la pobreza y el país consolidó su crédito nacional e internacional dejando en buen estado la economía nacional.
Aprovecho esta oportunidad desde mi modesta posición de exiliado nicaragüense para expresar mi público reconocimiento al presidente de la República de Uruguay, don Luis Lacalle Pou y a su embajador en la OEA, señor Washington Abdala, por las expresiones de fraterna solidaridad americanista vertidas en defensa de las libertades públicas y los derechos humanos del pueblo nicaragüense.
Solo me resta invocar a la divina providencia para que siga derramando sus bendiciones sobre el noble pueblo de Uruguay, que bien se lo merece.
El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).