Los expertos opinan que América Latina no estará entre las prioridades de la política exterior del próximo gobierno de Donald Trump, pero el probable nombramiento del senador Marco Rubio como su secretario de Estado podría indicar lo contrario.
El periódico The New York Times escribió que Rubio podría ser nominado por Trump para dirigir la política internacional de su gobierno. Y a partir de eso prácticamente todos los medios lo han dado como un hecho.
Ahora bien, por la condición cubana americana de Marco Rubio, su excelente conocimiento de la política de América Latina y su trayectoria como férreo impugnador de las dictaduras del hemisferio, como son los casos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, es altamente probable que al frente del Departamento de Estado actuaría contra los regímenes autoritarios de esos países con más dureza que el gobierno saliente.
El secretario de Estado es uno de los funcionarios más poderosos de EE. UU. En el orden jerárquico del poder y de la sucesión es el cuarto, detrás del presidente de la nación, el vicepresidente y el speaker (presidente) del Congreso.
Por supuesto que el Departamento de Estado no determina por sí solo la política exterior estadounidense. Eso le corresponde al presidente de EE. UU., quien la formula apoyándose en otras cuatro instancias del poder político estadounidense: primero, el Departamento de Estado; segundo, el Consejo de Seguridad Nacional; tercero, el Congreso, y cuarto, las Agencias de Inteligencia (CIA y NSA en particular).
Sin embargo, la función del secretario de Estado es determinante, en tanto que es el consejero principal del presidente en la formulación de la política exterior y responsable de su ejecución.
Con una valoración general de la política exterior del primer gobierno de Trump, de 2017 a 2021, se podría avizorar cómo podría ser esa política en su nuevo período que comenzará el 20 de enero. Pero eso no es suficiente.
La realidad internacional ha cambiado en los últimos cuatro años, sobre todo por las guerras de Ucrania y el Medio Oriente, por el avance de la expansión mundial de China y el fortalecimiento del emergente orden geopolítico mundial que impulsan los países del Brics, que buscan desplazar del liderazgo mundial a EE. UU., Europa Occidental y las democracias asiáticas.
Sin embargo, en América Latina los cambios geopolíticos ocurridos en los cuatro años que Trump estuvo fuera del poder fueron pocos. Eso aparte del ascenso de los gobiernos de izquierda democrática en Brasil y Colombia y, al revés, la toma del poder en Argentina de una derecha radical identificada con el ideario político y económico de Trump.
Pero la situación en Cuba, Venezuela y Nicaragua no ha cambiado básicamente, si no ha sido para empeorar. De manera que es de esperar que con Marco Rubio al frente del Departamento de Estado la política de EE. UU. en relación con esas dictaduras será tan enérgica como en el primer gobierno de Trump. Sin llegar al extremo del uso de la fuerza armada, a pesar de que en aquella ocasión Trump aseguró que para resolver la crisis de Venezuela tenía a su disposición todas las opciones. Incluso la militar, pero cuando tuvo la oportunidad de usarla mediante el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), se echó hacia atrás.
En lo que respecta a Nicaragua, Marco Rubio ha sido crítico sistemático del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo desde que comenzaron las espantosas violaciones a los derechos humanos a raíz de la revuelta popular de abril de 2018. Él fue uno de los principales impulsores de las leyes Nica Act y Renacer para sancionar al régimen de Ortega. Criticó severamente al gobierno demócrata de Biden por no ser más enérgico contra la dictadura sandinista y pidió que le fueran suspendidos a Nicaragua los beneficios del tratado de libre comercio DR-Cafta.
Más recientemente, el senador Rubio ha condenado las persecuciones religiosas y en particular contra la Iglesia católica. Ha demandado la libertad de todos los presos políticos y denunciado que Daniel Ortega convirtió a Nicaragua en un centro de tráfico de personas al ser trampolín para la llegada masiva de inmigrantes ilegales a EE. UU.
Con esos antecedentes cabría esperar que con el siguiente gobierno de Trump la actitud de EE. UU. con respecto a la dictadura de Nicaragua será más fuerte que hasta ahora.
Así lo espera la mayoría de los activistas opositores en el exilio. Pero eso solo se podrá saber hasta que Donald Trump sea de nuevo presidente de EE. UU. y Marco Rubio su secretario de Estado.