El grupo Brics, originalmente integrado por Brasil, China, India, Rusia y Sudáfrica, inició sus encuentros en 2010. Recientemente ha sumado a Irán, Etiopía y Egipto. Regímenes como los de Daniel Ortega en Nicaragua y Nicolás Maduro en Venezuela, ambos acorralados por sanciones internacionales, esperaban ser adheridos. La realidad es que, al menos este año, no hay lugar para los que ya ni siquiera pueden ocultar su decadencia. Ni Venezuela ni Nicaragua, ni Afganistán, pasaron el filtro para su adhesión a los Brics, tras ser vetados por Brasil.
La exclusión de Nicaragua del Brics en la cumbre de Kazán, Rusia, en octubre de 2024, es otra señal del aislamiento global de la dictadura sandinista de Daniel Ortega. Los países Brics buscan contrapesar a Estados Unidos y la Unión Europea, con China y Rusia tomando posturas más agresivas hacia las democracias occidentales. Sin embargo, Brasil, India y Sudáfrica priorizan su propia estabilidad económica y el futuro del bloque, en lugar de comprometerse con regímenes sancionados y aislados.
Al excluir a Nicaragua, Brasil refuerza la idea de que el Brics debe centrarse en economías más robustas, en lugar de dictaduras que buscan desesperadamente quién las puede apadrinar. La diplomacia de Ortega, que alguna vez fue cercana a Lula da Silva y al Partido de los Trabajadores de Brasil, ha perdido cualquier atractivo para su antiguo aliado. Lula, quien alguna vez lo consideró un compañero ideológico, ahora deja claro que no comprometerá la reputación de Brasil ni del Brics por un régimen “guarango”, como lo definió el papa Francisco en una comentada entrevista de marzo de 2023.
Ortega, intentó acercarse al Brics como si fuera la tabla de salvación de su régimen. Durante el encuentro en Kazán, el enviado sandinista, Valdrack Jaentschke, promovió las bondades de una economía “más justa y solidaria” que desafiara la hegemonía occidental y abogó insistentemente por la incorporación del régimen de Nicaragua. Sin embargo, el bloque lo dejó fuera, en una nueva muestra de rechazo que recuerda humillaciones anteriores, como cuando Jaentschke fue vetado como candidato a secretario del Sistema de Integración Centroamericano (SICA).
El veto a Nicaragua en el Brics es una repetición de estas derrotas, y ni siquiera el respaldo de Rusia y China fue suficiente ante el veto informal de Brasil. Esa decisión coloca a los Ortega-Murillo en la misma categoría que los talibanes de Afganistán. Pekín y Moscú no ven en Ortega más que un peón insignificante que no vale la pena defender frente a Brasil. Aunque Ortega insiste en la importancia de una multipolaridad emancipadora y un sistema financiero alternativo, el Brics dejó claro que no comprometerá su ya cuestionada legitimidad incluyendo a regímenes con escaso peso económico y diplomático.
Ortega esperaba que el Brics fuera un árbol donde buscar sombra, pero encontró hacha. Como en el caso de Cuba, China no tiene aliados incondicionales, solo intereses. Pekín ha comenzado a retirarse de sus compromisos con Cuba, frustrada por la incompetencia económica de la dirigencia del Partido Comunista en la isla. Atrás quedaron los discursos de la vieja solidaridad entre comunistas. De manera similar, Ortega descubre que, a pesar de su servilismo hacia Rusia y China, sus aliados más cercanos, éstos están más interesados en usar a su régimen como una piedra en el zapato de Estados Unidos, que en brindarle apoyo genuino a Nicaragua.
La exclusión de Nicaragua del Brics evidencia la falta de seriedad con la que se percibe a Ortega en el ámbito internacional y su incapacidad para forjar alianzas duraderas. Aunque Ortega insiste en que China y Rusia lo respaldarán, la realidad es que su régimen, como el de Cuba, ha apostado por un árbol que no da sombra. La dictadura sandinista enfrenta un futuro en el que el apoyo internacional será cada vez más una quimera. Como los cubanos, Ortega descubrirá que China no tiene paciencia para regímenes que no pueden sostenerse por sí mismos. Y cuando su régimen caiga, ni China ni Rusia moverán un dedo para salvarlo.
El autor es politólogo y activista político nicaragüense exiliado, codirector del Instituto de Liderazgo de la Sociedad Civil.