El pasado 29 de septiembre, el Ejército nos sorprendió con un comunicado anunciando que se había internado al general en retiro Humberto Ortega Saavedra en el Hospital Militar. El comunicado detallaba las complicaciones que sufría con minuciosidad, lo que me pareció un poco raro porque hasta donde sé no es muy usual tanto detalle, lo que me hizo presagiar lo peor.
Esto se confirmó al día siguiente, 30 de septiembre, a las 2:30 minutos de la mañana. En esta ocasión el informe fue más escueto y decía textualmente: “La Dirección del Hospital Escuela Doctor Alejandro Dávila Bolaños, del cuerpo médico militar del Ejército de Nicaragua, da a conocer, que el día 30 de septiembre de 2024 a la 1:55 horas de la mañana, el paciente Humberto Ortega Saavedra de 77 años de edad, presentó paro respiratorio, y luego de atenderlo con maniobras de resucitación pulmonar no salió de tal situación, declarándose fallecido a las 2:30 a.m. Dado en la ciudad de Managua a los 30 días del mes de septiembre”, terminaba la nota de prensa.
La intención de este artículo, que espero no me traiga más inconvenientes que las opiniones de uno u otro lado que no estén de acuerdo con lo que expresaré a continuación. Dicho esto, aclaro que no voy a referirme a la vida del general retirado y espero que el Creador le dé a sus hijos y nietos resignación para aceptar su perdida, por lo que me uno a los que les han expresado su pésame. El diccionario Wikipedia define pésame como la expresión con que se hace saber a alguien el sentimiento que se tiene de su pena o aflicción, hago la aclaración para evitarles la interpretación.
Ahora permítanme una aclaración de la razón del título HOS descansa en paz, ¿nosotros hasta cuándo viviremos en paz? El título se debe a los cientos sino miles de opiniones que ha originado la noticia de su muerte, lo que me ha llevado a la triste conclusión que después de más de 100 años de vivir matándonos entre nosotros, seguimos tan irreconciliables como al principio, fieles al concepto de ojo por ojo y diente por diente inclusive ante la muerte. Por lo que repetiré por enésima, vez que de seguir así, todos sin excepción terminaremos ciegos y chintanos (sin dientes). Países que hoy son ejemplos en el mundo sufrieron y padecieron diferencias que en su momento parecieron irreconciliables, me refiero a los Estados Unidos, España, Francia y Alemania por mencionar algunos y hoy son ejemplos de prosperidad para la humanidad en general. Pregunto: por qué si ellos lo hicieron no vamos a poder nosotros.
Creo que el ejemplo que pondré a continuación tuvo validez en su momento y podría volver a tenerlo si todos ponemos nuestro granito de arena. Me refiero a las pláticas de paz en Sapoá que pusieron la primera piedra para las posteriores elecciones de 1990, en donde participó activamente el hoy difunto general hoy en retiro Humberto Ortega. Independientemente de las opiniones que se han vertido, Humberto Ortega es parte de la historia de nuestro país sin importar los anteojos con que lo veamos.
En Nicaragua ya son muchos de uno y otro lado los que nos han precedido en ese viaje que irremediablemente todos tendremos que emprender algún día. Me pregunto: ¿quién o quiénes darán el primer paso que permita a nuestros hijos y nietos vivir algún día en paz, en una sociedad en que todos seamos tratados como iguales? Como lo he dicho con anterioridad, así como enterramos las armas en 1990, enterremos también nuestros odios y emprendamos juntos el camino que nos permita salir del atasco que nos tiene como el país más pobre de América.
Nosotros, los que conformamos orgullosamente las fuerzas de veteranos de guerra de la Resistencia Nicaragüense, hace rato estamos más que listos.
El autor es analista político y directivo nacional de las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense.