El subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Brian Nichols, se pronunció este jueves 3 de octubre sobre la muerte del exjefe del Ejército de Nicaragua y hermano del dictador Daniel Ortega, Humberto Ortega, a quien le reconoció haber cambiado su posición radical a favor de un régimen totalitario.
«Si bien teníamos profundas diferencias con el general nicaragüense retirado Humberto Ortega, él llegó a reconocer que el totalitarismo ‘no tiene lugar en Nicaragua’. Poco antes de su muerte, el 30 de septiembre, Humberto Ortega habló de su esperanza de una transición política que conduzca a elecciones y a un futuro democrático y pacífico en Nicaragua. Compartimos esa esperanza para el pueblo nicaragüense», manifestó Nichols en su cuenta de X.
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El general en retiro Ortega murió este 30 de septiembre bajo una condición de aislamiento y reclusión que le impuso su propio hermano, tras haber concedido una entrevista al medio de comunicación argentino Infobae, en la que repitió la necesidad de negociar para resolver la crisis sociopolítica del país. También dijo que ni la esposa de su hermano ni ninguno de sus hijos podrán llenar el vacío que dejará Daniel Ortega en el poder cuando se muera.
Tras el derrocamiento de la dictadura somocista en 1979, Daniel y su hermano Humberto fueron miembros de la Dirección Nacional del FSLN, conformada por nueve comandantes sandinistas que tomaban todas las decisiones del país. Los años siguientes, Daniel Ortega pasó a coordinar la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y luego se convirtió en el presidente de Nicaragua, mientras que su hermano Humberto Ortega se convirtió en el fundador y jefe del Ejército Sandinista.
Impulsor del Servicio Militar
Durante los años ochenta, el general Ortega se mantuvo como el poderoso jefe militar de la Revolución sandinista, y desde esa posición impulsó el Servicio Militar obligatorio (SMP) que reclutaba a jóvenes entre 18 y 25 años, para abastecer las diezmadas filas del ejército en la lucha contra los rebeldes antisandinistas.
A Humberto Ortega se le responsabiliza de la muerte de miles de jóvenes por el reclutamiento forzoso a una guerra que les era ajena y también de masacres como la llamada Navidad Roja, cuando el régimen sandinista ejecutó un plan de desalojo forzoso de los indígenas miskitos que vivían en las orillas del río Coco, en la Costa Caribe, entre noviembre de 1981 y febrero de 1982, en el que unas 70 comunidades indígenas fueron arrasadas y cientos de miskitos ejecutados.
El general en retiro, Humberto Ortega, murió bajo custodia y vigilancia del régimen y en total incomunicación.