En el centenario del doctor PJChC

Estaba meditabundo, viendo embelesado la salida del sol, cuando un amigo se acercó para preguntarme, si ese día lunes 23 de septiembre del 2024, fecha en que se cumplió el centenario del nacimiento del Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, haríamos alguna actividad especial para recordar al ya consagrado por la gran mayoría de nicaragüenses como Héroe Nacional y Mártir de las Libertades Públicas. Le dije que lo averiguaría y le avisaría.

En esa tesitura puedo decir que el doctor Chamorro fue un idealista, que como el Moisés bíblico, se pasó 40 años en el desierto buscando la tierra prometida, sufriendo toda clase de amargas vicisitudes, exilio, cárcel, tortura y muerte, sin haber alcanzado su objetivo principal que era derrotar la dinastía somocista que oprimía desde hacía varias décadas a los nicaragüenses. Paradójicamente tuvo que derramar su sangre y entregar su vida en holocausto para que su ideal se convirtiera en realidad. Es por lo tanto, el arquetipo ideal para la actual generación de nicaragüenses que luchamos por la libertad.

Tengo varias anécdotas con el doctor Chamorro que me gustaría compartir con mis lectores, en las que se reflejan su gran sensibilidad social, y su respeto por la dignidad humana. He aquí una de ellas:

Sucedió a principios de diciembre de 1977 o sea pocas semanas antes de que fuera vilmente asesinado el 10 de enero de 1978. Llegamos a Matagalpa como a las 10 de la mañana acompañando al doctor Chamorro, líder máximo de la Unión Democrática de Liberación (Udel) para participar en un mitin que habían programado los dirigentes departamentales y municipales de la organización pluralista en esa ciudad. Digo llegamos porque iba con nosotros el legendario dirigente del Partido Socialista Domingo Sánchez Salgado (q.e.p.d.).

La concentración popular en el cine fue apoteósica y gran parte de la multitud tuvo que acomodarse en las calles aledañas, porque no alcanzaron en el amplio local. Cuando el doctor Chamorro pronunció su discurso, se exacerbaron los ánimos y un grupúsculo que mediante consignas del FSLN quiso sabotear la reunión, tuvo que marcharse gritando “burgueses” a los que ahí estábamos.

Pero lo que más quería contarles es lo siguiente: Cuando veníamos de regreso, al pasar por Tipitapa el doctor Chamorro nos invitó a Domingo Sánchez y al que esto escribe a comer en una fritanga, donde servían un gallo pinto con chancho y tajadas de plátanos fritas. Verdaderas delicias de la cocina nicaragüense. Serian como las 9 de la noche.

Después de degustar esa deliciosa comida, Domingo y yo nos dirigimos al vehículo y el doctor Chamorro se fue a pagar la cuenta. Como a los 10 minutos, al ver que el doctor Chamorro no regresaba decidí ir a ver lo que pasaba, pues a la distancia que estaba, solo miraba la sombra de sus gesticulaciones.

¡Oh sorpresa! Había una discusión simpatiquísima: la señora dueña de la fritanga, que después supe se llamaba Catalina, se negaba a recibir el pago de lo consumido, ya que decía era un honor para ella tener entre sus comensales al hombre que a través de LA PRENSA, defendía a los pobres de los abusadores. En cambio, el doctor  Chamorro alegaba que no era justo que se negara a recibir el pago, porque ese era su trabajo y que seguramente de él dependía, para resolver sus problemas familiares.

De pronto, Catalina, como movida por la inspiración divina, le propuso al doctor Chamorro un trato que ni al mismo sabio rey Salomón se le habría ocurrido. “Le propongo —dijo ella— una cosa: No me pague hoy, pero págueme cuando usted sea presidente de la República, que yo iré a buscarlo para cobrarle lo consumido”. “Eso está en los cuernos de la luna”, murmuró el doctor Chamorro, provocando sonoras carcajadas entre los presentes por tan jocosa ocurrencia. Después de dar las gracias a Catalina, el doctor Chamorro y yo nos regresamos al carro, él pensando posiblemente en la generosidad de la humilde señora y yo muy contento porque, con lo que acababa de pasar, era una buena señal de que ya Udel estaba posesionándose de los corazones de las masas populares. Entonces exclamé para mis adentros: ¡Nicaragua volverá a ser Republica!

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses el Extranjero (ANE)

Opinión
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