El pasado 11 de septiembre de 2024, un grupo de setenta y seis diputados del Parlamento Centroamericano (Parlacen) solicitaron que la Federación de Rusia, a través de la Duma Estatal, fuese admitida como observador permanente del organismo subregional. En la próxima asamblea plenaria del Parlacen, del 26 a 27 de septiembre de 2024, se llevaría a cabo la votación para formalizar la incorporación de Rusia. No obstante, debido a la cantidad considerable de diputados que se adhirieron a la solicitud, 76 de 120 diputados, es muy probable que la iniciativa se apruebe.
El ingreso de Rusia al Parlacen se produciría a tan solo trece meses del ingreso de la República Popular de China al mismo organismo subregional y la consecuente exclusión de la República de China-Taiwán. Es más, el modus operandi y los actores parecen ser los mismos, pues ha sido la dictadura nicaragüense quien ha estado detrás de ambas iniciativas, y en ambas ocasiones, lo ha hecho a través del expresidente de la Junta Directiva del Parlacen y hoy día vicepresidente de esta, el diputado centroamericano Daniel Ortega Reyes. En su momento, Taiwán calificó la propuesta de la bancada nicaragüense como una manipulación y un esquema de conspiración de China de socavar la democracia en Centroamérica y la ambición de expandir su influencia en la región. Ahora hay un nuevo protagonista en la trama de manipulación y en el esquema de conspiración promovido por el régimen de Daniel Ortega: se trata de Rusia.
Estaríamos, entonces, ante la continuación de una campaña iniciada en abril de 2022 para desplazar a Taipéi de Centroamérica e insertar a las autocracias de Beijing y Moscú en la región, iniciando con el Parlacen, pero continuando con el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). Sin embargo, en estas instituciones el régimen de Ortega encontraría obstáculos más significativos para lograr sus objetivos planteados. Esto se debe a que el SICA opera bajo la regla del consenso por lo que cualquier Estado miembro podría bloquear el ingreso de Rusia, mientras que el BCIE, se requiere del establecimiento de sinergias más estructuradas para la participación de actores extrarregionales, a través de asociaciones y fondos fiduciarios de donantes.
En el caso de Rusia, si bien en 2018 se aprobó su incorporación como observador del SICA, la regla de consenso ha impedido al régimen de Putin formalizar su estatus en el sistema de integración centroamericano. En lo relativo al Parlacen, la incorporación de la Duma Estatal de la Federación de Rusia como observador permanente también contrariaría la naturaleza democrática del organismo, rayando incluso en la ilegalidad. Esto se debe a que el Parlacen pasó a ser un órgano de regional y permanente de representación política y democrática del SICA, luego de la adopción del protocolo de reformas a su tratado constitutivo. Entre las nuevas atribuciones para el parlamento que plantea el protocolo se encuentra la de “contribuir a la consolidación del sistema democrático, pluralista, representativo y participativo en los países centroamericanos, así como al respeto y promoción de los derechos humanos”.
En otras palabras, un Estado que no es democrático ni respetuoso de los derechos humanos o el derecho internacional público, no debería aspirar a ser observador ni del Parlacen ni del SICA pues en nada puede contribuir a la consolidación de Centroamérica como una región de paz, libertad, democracia y desarrollo. Rusia evidentemente ha dejado de ser una democracia y no tiene el más mínimo reparo por los derechos humanos y el derecho internacional, si no pregúntenle a la familia del difunto opositor al régimen Alexei Navalny y al valiente pueblo ucraniano que hasta el día de hoy le hace frente a la agresión rusa.
El Parlacen surge luego de los acuerdos de Esquipulas que plantearon una fórmula para ponerle fin a las cruentas guerras civiles que afectaron a Centroamérica durante la segunda mitad del siglo XX, a partir del trabajo previo que había realizado el Grupo de Contadora (Colombia, México, Panamá y Venezuela). La idea detrás del Parlacen y de la integración a través del SICA, consistía en que la democratización de Centroamérica coadyuvaría al mantenimiento de la paz en la región. Sin embargo, la deriva autoritaria y dictatorial en la que ha entrado Nicaragua con el régimen Ortega-Murillo representa una amenaza a la estabilidad democrática de Centroamérica y la de las instituciones centroamericanas como el Parlacen y el SICA.
La continuidad de la dictadura Ortega-Murillo representa una afrenta directa a la mítica Doctrina Tobar, formulada por el entonces canciller ecuatoriano doctor Carlos R. Tobar, en 1907, pero aplicada por vez primera, en ese mismo año, en Centroamérica. La misma establece que en defensa de la legítima democracia se debe evitar reconocer a los gobiernos de facto. El desprecio por las instituciones democráticas del régimen de Ortega es tal que retiró a Nicaragua de la Organización de Estados Americanos e impuso a su candidato a secretario general del SICA para el período 2022-2026, con la aquiescencia de todos los Estados miembros del sistema que buscaban apaciguarle. Ahora el objetivo que persigue la dictadura nicaragüense, a través de múltiples maquinaciones y emisarios, es insertar, a finales de septiembre de este año, a una autocracia más al Parlacen, la rusa, y con ello continuar minando la frágil institucionalidad democrática de Centroamérica.
El autor es investigador asociado de Expediente Abierto