Este lunes 16 de septiembre, el Vaticano informó que el obispo nicaragüense Rolando Álvarez Lagos participará en la segunda y última parte del Sínodo de la Sinodalidad que tendrá lugar durante octubre próximo en Roma.
El obispo de la Diócesis de Matagalpa y administrador apostólico de la de Estelí se encuentra exiliado en Roma desde enero del presente año, cuando fue excarcelado por la dictadura sandinista y desterrado a la capital italiana.
Monseñor Rolando Álvarez es parte del “grupo de los nombramientos pontificios”, una categoría de obispos participantes en el Sínodo escogidos directamente del papa. Y el anuncio de su participación en el magno evento sinodal “representa un giro en la habitual discreción que ha tenido desde que llegó a la Ciudad Eterna”, escribe la periodista Almudena Martínez-Bordí en la información de la agencia católica ACI-Prensa que ha dado cuenta del hecho.
Es obvio que al escoger personalmente a monseñor Rolando Álvarez para participar en la parte culminante del Sínodo de la Sinodalidad, el papa Francisco ha querido enviar un mensaje de afecto y respaldo a la Iglesia católica de Nicaragua que sufre la peor persecución religiosa y represión estatal de toda su historia.
El papa Francisco ha sido criticado por laicos católicos e inclusive por algunos sacerdotes nicaragüenses, porque no eleva su voz de protesta de manera permanente ante la represión que sufre la Iglesia de Nicaragua desde el año 2018.
Pero es que al papa no le interesa —ni le conviene a la Iglesia— la resonancia mediática, sino obtener resultados. Ya una vez se refirió públicamente en términos duros al régimen de Nicaragua. “Es como si fuera traer la dictadura comunista de 1917 o la hitleriana del 35… Son un tipo de dictaduras groseras. O, para usar una distinción linda de Argentina, guarangas». Así lo dijo al medio argentino Infobae a principios de marzo de 2023, después de que monseñor Rolando Álvarez fue condenado a 26 años y 4 meses de prisión. Entonces el papa fue aplaudido por el público, pero la consecuencia inmediata fue el recrudecimiento de la persecución contra la Iglesia.
En cambio, el nombramiento de monseñor Álvarez para que participe en el Sínodo de la Sinodalidad tiene mucha más carga de solidaridad y apoyo a la Iglesia católica de Nicaragua, que cualquier denuncia o ataque verbal a la dictadura de Ortega y Murillo.
En general el Sínodo es una asamblea de obispos llamada a aconsejar al papa en el gobierno de la Iglesia universal. Fue creado por el papa Paulo VI en 1965 como una institución permanente, con el fin de mantener vivo el espíritu del Concilio Vaticano II (11 de octubre 1962-8 de diciembre 1965) que renovó a la Iglesia católica y la adaptó a las exigencias de los tiempos modernos.
Ahora, con el Sínodo de la Sinodalidad el papa Francisco busca “la renovación de las estructuras y procesos eclesiales para que la toma de decisiones no sea solo jerárquica, sino que incluya más a los fieles, las comunidades y los grupos diversos dentro de la Iglesia”.
El Sínodo de la Sinodalidad es para discernir sobre los múltiples y complejos desafíos que enfrenta la Iglesia universal, así como mejorar la capacidad para cumplir su misión evangelizadora. De allí que aparte de los obispos participan también laicos que por primera vez son miembros de pleno derecho y por tanto podrán votar en la última etapa del proceso. Además participan en este gran Sínodo 54 mujeres con derecho de emitir sus votos.
De manera que es un gran honor el que le hace el papa Francisco a monseñor Rolando Álvarez al nombrarlo directamente para participar en ese histórico evento. Y es también, repetimos, un mensaje de aliento del santo padre a la Iglesia católica de Nicaragua para soportar con espíritu cristiano y salir triunfante de la gran tribulación a la que está siendo sometida.