El patriotismo de los apátridas

Al celebrarse en Nicaragua las Fiestas Patrias de los días 14 y 15 de septiembre, es justo y necesario rendir un tributo de cariño, respeto y admiración a todos los nicaragüenses que han sido desterrados por la dictadura, que los ha pretendido convertir en apátridas.

Apátrida, de acuerdo con el derecho internacional, es una persona que no es considerada nacional suyo por ningún Estado conforme a su legislación, o sea que no tiene ninguna nacionalidad.

Pero los nicaragüenses que han sido deportados y despojados de la nacionalidad mediante leyes espurias e ilegítimas no han perdido su patria. No la pueden perder porque su condición de nicaragüenses la llevan en la conciencia, en el corazón y en la sangre, y de allí nadie se las puede arrancar.

Además, muchos de los desterrados y exiliados se han acogido al generoso ofrecimiento de diversos gobiernos de otros países, de manera que se han convertido en sus nacionales, pero manteniendo para ellos la irrenunciable condición de nicaragüenses.

Ahora bien, hablar de patriotismo de los apátridas no es un oxímoron, o sea una contradicción en los términos conceptuales. Es una verdad  incuestionable porque el patriotismo es el amor y la lealtad a la patria, el anhelo de bien para ella, el recto cumplimiento de los deberes cívicos, la entrega sin alardes ni exhibicionismos de los mejores esfuerzos de la persona a la búsqueda del progreso de su país y la libertad para su pueblo. Y todo eso es lo que han hecho y hacen los compatriotas que la dictadura ha desterrado y exiliado.

Nadie puede ser más patriota que quien está comprometido con los intereses legítimos de su país y sobre todo del supremo bien de su gente que es la libertad. Y por eso, por ser patriotas distinguidos esos compatriotas pagan el precio doloroso de ser desterrados de su país por un poder que por ser autocrático y absolutista es también antipatriótico.

Rubén Darío, cuando apenas era un escolar de primaria escribió un poema titulado Nicaragua entre sus hermanas, en el que dice: “Rico vergel es mi suelo; y copio, en dulces halagos, en el azul de mis lagos el esplendor de mi cielo. La unión de todo anhelo; y humilde con altivez, pequeña y grande a la vez, contra toda adversidad me escuda mi libertad”.

Desde niño Darío estaba convencido de que el patriotismo se funda en el amor a la libertad. La libertad por la que han luchado hasta dar la vida muchos  nicaragüenses que en estas fechas son recordados con veneración. Así como también son recordados con respeto todos los nicaragüenses que siguen luchando por la libertad, aunque hayan pagado por ello el duro precio de la cárcel, el destierro, el alejamiento de sus familias, la confiscación de sus bienes y hasta el despojo de su nacionalidad.

Pero no por eso les han podido quitar su condición de nicaragüenses y su acendrado patriotismo.  

Editorial
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