Miente, miente que algo queda

Miente, miente, que algo queda, es una frase que ha sido dicha por diversos personajes a lo largo de la historia. La intención es que cuanto más repitas una mentira, más real ella se vuelve. Dicha frase era repetida frecuentemente por el ideólogo del nazismo, el ministro de Propaganda del Tercer Reich, Joseph Goebbels, quien declaró en innumerables oportunidades que “Una mentira mil veces repetida, se transforma en verdad”. También expresaba frecuentemente: “Miente, miente, miente que cuanto más grande sea la mentira más gente la creerá”, decía.

Pero no es necesario remitirnos al régimen nazista para conocer los estragos de la mentira. En la política contemporánea tenemos el caso más representativo de la mentira en la vida política, en la persona de Donald Trump, quien tiene el récord de haber dicho más de 25,000 mentiras durante sus 4 años en la Presidencia de Estados Unidos.

Mintió descaradamente sobre la existencia de un fraude en las elecciones que le dieron el triunfo a Joe Biden, mentira que originó el tristemente célebre asalto al capitolio. Mintió sobre el sistema de salud, sobre los inmigrantes, sobre la economía, sobre el medioambiente, sobre el origen y la gravedad del covid-19. Dijo desconocer a la mujer que lo acusó de violación a pesar de existir pruebas fotográficas en su contra. En pocas palabras, no es esperable de él ningún gesto que reivindique, aunque sea por una vez, el honor a la verdad.

He hecho este preámbulo porque recientemente me tomé el tiempo para escuchar una de sus peroratas ante un grupo de republicanos que no cesaban de aplaudir sus mentiras. Durante el tiempo que duró su discurso, no dijo una sola verdad y continuó con lo que ha sido hasta el día de hoy el centro de su campaña electoral, me refiero al ataque a los inmigrantes diciendo que son criminales, drogadictos, ladrones, exconvictos a los que les abrieron las celdas para que ingresaran a los Estados Unidos y que llegan a quitarle el trabajo a los trabajadores norteamericanos y otra sarta de mentiras con el único propósito de incentivar el racismo y la xenofobia en el norteamericano promedio.

No hace mucho en uno de mis artículos en que me referí a Donald Trump, afirmé que no miraba a ninguno de los expresidentes republicanos, ni a ningún connotado miembro de ese partido, apoyándolo en su campaña y hasta ahora no he visto a ninguno y no creo verlo en lo que resta de dicha campaña por la presidencia. Desgraciadamente el norteamericano promedio, que son la mayoría, no profundiza mucho en la calidad ni las cualidades de los candidatos y votan impulsados por los cientos de millones que se gastan los candidatos en sus propagandas y en este caso el histrionismo de Trump que podría inclinar el voto en su favor.

Aquí permítanme hacer un paréntesis y referirme un poco al actual presidente Joe Biden, quien es un hombre que dedicó y sigue dedicando su vida al servicio del pueblo norteamericano. Desgraciadamente la edad está haciendo estragos en su mente y esto quedó evidenciado en el famoso debate y en los posteriores errores cometidos en público en diferentes ocasiones. El último fue el apoyo al presidente Lula en referencia a la situación en Venezuela, metida de pata que la Casa Blanca salió presurosa a aclarar.

Yo creo y me perdonan mis lectores demócratas, que el presidente Biden debería renunciar y pasarle la estafeta a Kamala para que en estos pocos meses demuestre la capacidad que no dudo que tenga para gobernar el país más poderoso sobre la Tierra (hasta ahora). Esto haría que el expresidente Donald Trump se trague su verborrea y la sarta de mentiras y descréditos que a diario vierte contra la candidata demócrata.

No quiero finalizar este artículo sin mencionar lo dicho por el candidato a vicepresidente de Trump, este quien sin el menor rubor expresó en un mitin partidario que si ganan deportarán a un millón de inmigrantes y que limpiarán los Estados Unidos de indocumentados y que la meta son los once millones que se afirma viven en Estados Unidos. Si no fuera tan trágica y grotesca semejante afirmación, me encantaría ver a los anglosajones recogiendo tomates, fresas, sembrando hortalizas, haciendo los trabajos más duros de la construcción, cuidando ancianos. En fin, haciendo todos esos trabajos que los inmigrantes hacen a diario.

Finalizo desmintiendo a Donald Trump y su vice, que dicen que todos los inmigrantes son lacras de sus sociedades. Pues las estadísticas que se manejan es que menos del uno por ciento de los delitos que se cometen en los Estados Unidos, son cometidos por inmigrantes latinos. Ojalá y los estadounidenses abran los ojos y puedan ver y descubrir al verdadero Donald Trump a tiempo y descubran lo que es: un misógino, xenófobo y mentiroso de marca mayor.

El autor es analista político y directivo nacional de las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense.

Opinión
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