El jueves de esta semana LA PRENSA publicó una nota informativa que puede ser calificada como patética, sobre las graves dificultades que enfrentan y deben resolver los periodistas independientes para sobrevivir y mantener sus espacios informativos.
Hablamos de los periodistas que se han debido ir al exilio para escapar de la represión gubernamental, pero también para poder dedicarse a informar porque en Nicaragua no hay en absoluto libertad de información.
“Periodismo de Nicaragua en crisis tras seis años en el exilio” se titula la mencionada información, en la cual varios periodistas dan testimonio de las penurias económicas que padecen y que los están obligando a cerrar los espacios informativos o reducirlos al mínimo.
En realidad, la situación de los periodistas exiliados es dramática, pero también lo es para la ciudadanía nicaragüense, que necesita estar informada de manera amplia y veraz, aunque sea desde el exterior y por internet ya que es imposible hacerlo en el interior del país.
Al drama que sufren los periodistas, en tanto que son seres humanos y profesionales de la información, hay que agregar las dificultades del periodismo para proporcionar al público informaciones de calidad y confiables, debido a la gran difusión de informaciones falsas y opiniones especulativas que es característica de los tiempos actuales.
Esta es una situación general en todos los países, pero más grave en Nicaragua donde no hay libre acceso a la información pública, pero sí mucho temor de la gente a la represión. Por eso las fuentes informativas guardan silencio o dan declaraciones a los periodistas solo bajo condición de anonimato, lo que de alguna manera debilita la confianza en la veracidad plena de la información.
Prominentes académicos de la comunicación y la información, como por ejemplo Joseph Stiglitz y otros, explican que las noticias veraces y el periodismo de calidad fomentan la responsabilidad de las personas y mejoran su capacidad de respuesta social. Aseguran que “incluso en medio de crecientes oleadas de mala información y desinformación, los controles de veracidad son realmente capaces de contrarrestar las mentiras y distorsiones que actualmente inundan a las sociedades de todo el mundo”.
Sostienen que “el periodismo de alta calidad sigue siendo más eficaz que las redes sociales para difundir noticias precisas y confiables. Pues aunque la tecnología pueda ampliar la difusión de la buena información, actualmente hace lo contrario”.
Sin embargo, para garantizar la calidad de la información se necesita que las fuentes sean reconocidas por las audiencias, estas deben estar seguras de que detrás de cada noticia u opinión hay un hecho verificado y una persona identificable. De esta manera resulta menos difícil combatir la avalancha de noticias falsas y opiniones poco responsables que confunden o engañan a mucha gente y degradan la calidad de la opinión pública.
El alma del periodismo es su sentido moral y ético definido por los principios, dice el eminente periodista y profesor universitario español, Bieito Rubido. Mantener viva esa alma con su sentido moral y ético es un desafío permanente de los periodistas, siempre es difícil, pero mucho más en las condiciones de Nicaragua y del periodismo que trabaja en el exilio.