Sobre el cuento anterior

La construcción de la condición humanan es una escogencia libre, sin excusas ni ayudas. De ahí que si queremos hablar de naturaleza humanan, esa no es otra cosa que la propia libertad con la que el hombre construye y destruye constantemente los referentes de su existencia. (Sartre).

Para aquellos lectores que aún recuerdan, al menos en parte, el cuento anterior, confirmo que fue escrito para aquellos que llevan mi expediente, con la extrafinalidad de que de una vez por todas entiendan que ni el suscrito ni miembro alguno de mi familia constituye un peligro para nadie. Si Dios existe, que me salve, nadie más podría hacerlo porque existimos dentro de los confines de nosotros mismos. No hay más que eso.

Recuerdo bien, décadas atrás, cuando en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales en 1970, el profesor se refirió a un pensador español que había escrito que él era él y sus circunstancias, quedé atónito a mis 18 años de edad. Hasta entonces en los colegios católicos se nos había hablado de distintos asuntos teleológicos y escatológicos, repetidos en los púlpitos de las iglesias hasta la saciedad.

Menos mal que después de tantos decenios y avatares propios, tras de aquellos tiempos nos hemos reencontrado para reírnos de nosotros mismos. Nos hemos buscado para regresar a la inocencia de aquellos tiempos, pero no solo. Y hace pocos días comprendí la fragilidad de mi cuerpo. Antes fue la lesión del nervio femoral izquierdo y sufrí. Luego un flu que me postró 10 días por aquello de los virus salvados en el Arca de Noé; y hoy un estiramiento del pectoral derecho por tratar de llegar a mis anteriores niveles de vitalidad atlética.

Todo tiene su tiempo según sabiduría antigua. Tengo 72 años cumplidos, mi padre se fue antes de los 70 y mi hermano mayor no llegó a los 71. Poco a poco nos vamos yendo a otros lugares antes de tiempo, como cuatro buenos amigos del bachillerato. Ruego a quienes leen estos cuentos no pensar que soy un insensible, al contrario. Me ha costado pero he llegado a sentir un profundo amor por la vida y a admirar profundamente a todas esas personas que desean el bien de la humanidad.

Bueno, una pizca de humor siempre viene bien en este marasmo existencial, y ya pasado el burumbumbún del generalísimo en retiro con su apocalíptica e incumplida profecía, y las tonterías del decadente exmagistradito quien pretende expiar sus culpas, lo que jamás podrá lograr por más que lo intente, arrastrando en el fango a esa otra persona a quien alguna vez quise y admiré. No más, hoy solo siento lástima por ella, como lástima dijo que sintió por el profesor que abusó de ella en el lejano 1974.

 Si estos cuentos que cuento son o no telecuentos por aquello de las telenovelas, un amigo me dice que no son telecuentos, sino que te los cuento. Y así como los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra no prescriben, tampoco se perdonan ni se olvidan. Vaya hipocresía la del Foro de San Pablo y la del Grupo de Puebla, que pretenden no ver y más bien justifican la barbarie rusa en Ucrania, el terrorismo en el Medio Oriente y la barbarie de los regímenes de Cuba y Venezuela, amén de alguno que otro régimen por nosotros conocidos, corruptos hasta la médula.

 Kant (1724-1804) hizo una síntesis del racionalismo de Descartes y del empirismo de Hume para llegar al conocimiento. Descartes propuso que se podía llegar a la realidad por medio de la sola razón. Para Hume se llegaba solo por la experiencia sensorial. Kant sin embargo no habló de la realidad sino que del conocimiento, al que se llega por la experiencia de los sentidos racionalizada en la mente. Fichte (1762-1814) por su parte, teorizó sobre el personalismo, sobre el Yo, como base de todas las experiencias y percepciones, es decir del Yo como esencia de la existencia humana, la del subjetivismo.

Hegel (1770-1831) se fue por el Espíritu Absoluto, lo que significa que el espíritu se desarrolla reflexionando sobre sí mismo —dialécticamente—, convirtiendo el ser en sí en el ser para sí, contrariamente a Kant, que no llegó a esa síntesis. Una premisa era la cosa en sí y otra la cosa para sí, y no se llegaba a una fusión entre ambas. El Espíritu Absoluto, según Hegel, es el último paso del espíritu hacia sí mismo, loco, como todos los idealistas alemanes.

Ya en la Grecia clásica uno de esos filósofos, Aristóteles, concluyó que lo que hoy se considera Dios es el pensamiento (logos) que se piensa a sí mismo. Esto es aún más loco. De ahí viene la frase evangélica “y el verbo se hizo carne”, es decir el logos. ¿Confuso? No, clarísimo. Marx por su parte se fue por el materialismo filosófico absoluto. Según él su dialéctica partía “objetivamente” de la cosa en sí, sin considerar los fenómenos de los sentidos. Vaya cosa distinta, y vaya si se equivocó.

¿Qué dicen los filósofos marxistas hoy? Nada. Para Hegel el motor de la historia era la lucha entre los pueblos, para Marx la lucha de clases que ya no existe en los países industrializados, ni en ningún otro que yo sepa, por aquello de la robótica, la industria de los servicios y de la información. Lo que existe de tanto en tanto son manifestaciones, muchas veces violentas (por infiltrados), pero por otros motivos. Hegel tal vez tuvo la razón frente a Marx. No piense el lector que soy un gran conocedor de estos temas, solo soy un diletante.

El Imperio romano (de Occidente) colapsó por las guerras civiles por el poder, no por luchas de clase. Roma ya no pudo centralizar el comercio, en particular de granos, ni la recolección de tributos de las provincias. Las consecuencias fueron devastadoras para el poder central, y sucumbió ante el avance de las tribus germánicas de inmigrantes y conquistadores. Nada que ver con luchas de clase. Entonces ¿Hegel, Marx o ninguno de los dos? Esta parecería una pregunta retórica que uno mismo puede responder, pero no.

En Nicaragua las guerras civiles no nos han llevado a más que a la destrucción de nosotros mismos, y algunos la siguen proponiendo. Me quedo con “yo soy yo y mis circunstancias”, lo demás se dará por añadidura. Así es la dialéctica hegeliana. La maldad caerá en lo profundo del pozo ardiente más temprano que tarde. Venezuela caerá primero.

El autor es doctor en Derecho.

Opinión
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