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Irán y Nicaragua, las “revoluciones gemelas”

En su saludo al régimen de Irán por la reciente elección del nuevo presidente de ese país centroasiático, Daniel Ortega y Rosario Murillo destacaron que la revolución islámica iraní y la revolución sandinista de Nicaragua “son gemelas”.  Como se sabe, un gemelo, o gemela, es alguien “nacido de un mismo parto, y más especialmente de un parto doble”. Pero también es “una cosa igual que otra con la que forma normalmente pareja”.

En realidad, es cierto que la revolución sandinista de Nicaragua es gemela de la revolución islámica de Irán, a pesar de las grandes diferencias de historia, cultura, idioma y religión que hay entre los pueblos o naciones de ambos países.

Tanto la revolución de Irán como la de Nicaragua derrocaron violentamente a las dictaduras que padecían los dos países, en el mismo año 1979, la islámica iraní en enero y la sandinista nicaragüense en julio. Y las dos revoluciones no fueron para establecer la democracia sino para imponer feroces y sectarias dictaduras, una de clérigos musulmanes extremistas y la otra de comandantes revolucionarios marxistas.

Económicamente Irán y Nicaragua estaban mejor bajo las dictaduras que después con las revoluciones, que en los dos casos fueron desastrosas. El problema en ambos países era que las dictaduras dinásticas, del sha (rey) Reza Pahleví en Irán y del general Anastasio Somoza Debayle en Nicaragua, no permitían elecciones libres ni la alternabilidad en el poder, hasta que ellas mismas provocaron los estallidos revolucionarios violentos que las derrocaron en 1979.

Los ayatolas o clérigos musulmanes chiítas de Irán declararon a Estados Unidos como su enemigo mortal y lo calificaron como el “gran satán” (principal demonio infernal). Por su parte, los comandantes sandinistas calificaron a la gran potencia democrática del norte de América como “enemigo de la humanidad”.

De hecho, la única diferencia entre las revoluciones de Irán y Nicaragua es que la iraní ha sido continua desde 1979, en tanto que la sandinista tuvo un receso de 1990 a 2006, cuando hubo tres gobiernos democráticos consecutivos porque los sandinistas se vieron obligados a permitir elecciones libres y competitivas, y las perdieron. Por esa experiencia, desde que recuperaron el poder en enero de 2007 no volvieron a rifarlo en elecciones honestas y legítimas.

Tanto el régimen de Irán como el de Nicaragua han sido sancionados por la comunidad democrática internacional, por sus desmanes contra los derechos humanos. De manera que también en eso son hermanos gemelos, aunque las sanciones a la tiranía iraní son más duras que las impuestas al régimen sandinista, porque Irán es una potencia regional que arma y financia a las organizaciones terroristas islamistas e incluso trata de dotarse de armas atómicas ofensivas.

Sin embargo, los regímenes de Irán y Nicaragua no solo entre ellos son hermanos. Los dos forman parte de una hermandad internacional más amplia, de países sin libertad ni democracia. Los cuales son hegemonizados por las grandes potencias mundiales autoritarias de Rusia y China que pretenden imponer un nuevo orden global alternativo a la democracia occidental.

Editorial
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