Siempre admiré a Carlos Alberto Montaner y hoy lo admiro más

El pasado tres de julio en su página de opinión LA PRENSA publicó un escrito de Gina Montaner, hija del escritor Carlos Alberto Montaner, en el que expuso los momentos difíciles que les tocó vivir con la enfermedad de su padre y narró las dificultades que tuvieron que afrontar para cumplir su último deseo, me refiero a lo que se conoce como muerte asistida. Gina nos comenta en su escrito que el pasado 29 de junio su padre Carlos Alberto Montaner cumplió año de fallecido.

En su narración Gina comenta que fue la enfermedad conocida como el mal de Parkinson la que deterioró su salud y amenazaba con deteriorarlo completamente por lo que él de su propia voluntad, decidió irse de este mundo en sus propios términos, decisión que muy pocos hombres y mujeres tienen la entereza de enfrentar. Gina la definió como muerte digna y muy dulce. No quiero imaginar lo que vivió la familia para hacer cumplir su deseo, no hay duda que esos genes de su padre los heredó a Gina, una mujer con una pluma y una narrativa que cuando escribe captura la atención del lector desde el primer momento.

Siempre busqué los libros escritos por Carlos Alberto y todos los que pude encontrar los disfruté. Recuerdo muy bien libros como el Manual del perfecto idiota, Fabricantes de miseria, Sin ir más lejos, La mujer del coronel, Las raíces torcidas de América latina, entre otros. Todos ellos llevaban como componente su pensamiento político franco sin tapujos de ninguna clase, en otras palabras, sin medias tintas, como decimos en Nicaragua llamaba por sus nombres al pan, pan y al vino, vino. Pero volviendo a este humilde homenaje no solo al inmortal Carlos Alberto Montaner, sino que también a su familia, en especial a su hija Gina Montaner quien como expresé anteriormente heredó la pluma de su padre.

La biografía de Carlos Alberto en Wikipedia expone que nació en La Habana el 3 de abril de 1943 y creció en la zona conocida como La Habana Vieja. Realizó sus estudios en el Instituto del Vedado de La Habana. Hijo de una profesora y un periodista, a los 14 años conoció a la que sería su esposa cuando estalló una bomba mientras estaba en un club social de La Habana con sus padres. Él se acercó a ayudar a una chica de su edad que lloraba junto a sus hermanos menores. Dos años más tarde, Carlos Alberto y Linda se casaron.

Apoyó la Revolución Cubana que derrocó a Fulgencio Batista, hasta que empezó a ver fusilamientos con «juicios repudiables» y sentencias de cárcel «arbitrarias».

Las autoridades lo detuvieron en diciembre de 1960, a los 17 años, junto a otros tres adolescentes y fue condenado a 20 años de presidio a principios de 1961, por participar en organizaciones de resistencia contra el régimen.  A las pocas semanas pudo escapar de la cárcel para menores y se asiló en la Embajada de Honduras. En septiembre, protegido por diplomáticos y provisto de un salvoconducto, se exilió.  Con anterioridad habían salido de Cuba su mujer, con su hija, sus hermanas pequeñas y su madre. Una vez en Estados Unidos, Montaner estudió literatura en la Universidad de Miami. Tras sacar un máster en esta carrera partió hacia Puerto Rico.

Allí enseñó en una universidad desde 1966 hasta 1970, año en que viajó a Madrid para realizar estudios doctorales en la Universidad Complutense. Durante la transición hacia la democracia, se vinculó a grupos liberales españoles.

Múltiples diarios de América Latina, España y Estados Unidos recogen su columna semanal. Ha sido profesor en diversas universidades de América Latina y Estados Unidos y ha publicado unos 25 libros, varios de los cuales han sido traducidos a diversos idiomas. Montaner murió en Madrid de muerte asistida el 30 de junio de 2023, tras serle diagnosticada una enfermedad. Montaner escribió un artículo para su publicación póstuma, en el que explica sus motivaciones para haber elegido la eutanasia y a la ciudad de Madrid como estancia en sus últimos días, además de hacer un alegato a favor de la libertad y los derechos individuales. El artículo fue publicado por CNN en español cuatro días después de su muerte.

Finalizo con el pensamiento con que termina el artículo de Gina al que me refiero. “Mi padre vivió y murió libremente. Ganó la más primordial de las batallas”.  Descanse en paz Carlos Alberto y gracias por dejarnos esa tremenda herencia en tu hija Gina.

El autor es analista político y directivo nacional de las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense.

Opinión
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