La primera vuelta de las elecciones legislativas en Francia, realizadas el pasado domingo 30 de junio, dejaron como ganadores en primer lugar al partido de extrema derecha Agrupación Nacional, y en segundo al bloque de extrema izquierda Nuevo Frente Popular. El partido centrista del presidente Emmanuel Macron, Renacimiento, quedó en tercer lugar.
De acuerdo con el sistema electoral de Francia habrá una segunda ronda electoral, el próximo domingo 7 de julio, en la que las encuestas anticipan que la Agrupación Nacional liderada por la controvertida líder derechista radical, Marine Le Pen, podría obtener la mayoría absoluta de los escaños en la Asamblea Nacional.
Si la Agrupación Nacional logra la mayoría absoluta del poder legislativo podrá designar a un nuevo primer ministro, o jefe de gobierno, pero Macron seguiría siendo presidente de la República hasta 2027, a menos que decida renunciar al cargo y convoque a elección presidencial adelantada como hizo con las legislativas.
Sin embargo, Macron no está obligado a hacerlo, él puede seguir siendo presidente aunque el primer ministro y el gobierno sean de otro partido, o sea de Agrupación Nacional. Esta es una situación excepcional llamada “cohabitación” por los franceses, que ya la hubo en tres ocasiones anteriores y funcionó, con dificultades pero sin ser catastrófico.
Ahora bien, para Nicaragua, el régimen y la oposición democrática, ¿qué importancia tendría que la extrema derecha pase a ser gobierno en Francia? Esto es importante porque Francia ha condenado reiteradamente las violaciones a los derechos humanos en Nicara. Asimismo ha apoyado la política de la Unión Europea en favor de una solución democrática a la crisis nicaragüense y las sanciones impuestas al régimen de Ortega y Murillo.
En realidad, si Macron sigue en la Presidencia hasta 2027 no habría un cambio significativo en la política de esa potencia europea hacia Nicaragua, pues según la Constitución la política exterior de Francia la dicta el presidente de la República. De manera que en un gobierno de cohabitación se podría mantener básicamente la misma política sobre Nicaragua, quizás con algunos cambios secundarios influidos por la Agrupación Nacional de Le Pen.
En todo caso, lo peor sería que fuese el ultraizquierdista Nuevo Frente Popular el que ganara las elecciones, pues como advierte la periodista y escritora española de origen cubano, Zoe Valdez, los modelos de ese movimiento político francés de extrema izquierda “son desde Lenin, pasando por Stalin, Pol Pot, Fidel Castro, Hugo Chávez y hasta Nicolás Maduro, o sea, la flor y la nata de lo más horripilante del planeta”.
Si la posibilidad de un cambio democrático en Nicaragua depende en parte de las presiones y gestiones de la comunidad internacional, sin duda que tiene mucha importancia que la política exterior de una gran potencia europea como es Francia, no cambie de rumbo para aproximarse al sombrío mundo del autoritarismo.
Y sin duda que es mucho más probable la simpatía de Francia con las luchas democráticas en América Latina se mantenga con un gobierno de extrema derecha, como se califica a la Agrupación Nacional de Le Pen, que con uno de extrema izquierda admiradora de las dictaduras latinoamericanas.