Los derechos de las mujeres y el régimen misógino de Afganistán

El martes 18 de junio el régimen sandinista de Nicaragua anunció la creación del Consejo Nacional de Derechos de la Mujer, con el objetivo de “salvaguardar los derechos de las mujeres y promover la equidad, dignidad, seguridad y soberanía nacional”, según  dijo la vicepresidenta Rosario Murillo en los medios oficialistas de comunicación.

Tres días después, o sea el viernes 21 de junio, la misma señora Murillo anunció que su gobierno ha formalizado relaciones diplomáticas con el “hermano” régimen de los talibanes en Afganistán, el cual es repudiado mundialmente porque no reconoce la dignidad de las mujeres y por lo tanto niega sus derechos en todos los órdenes de la vida, social, política y humana.

En realidad, es una incoherencia del régimen de Ortega y Murillo decir que reconoce institucionalmente los derechos de las mujeres nicaragüenses y al mismo tiempo declarar su amistad y reconocimiento diplomático al régimen misógino de los talibanes que gobiernan tiránicamente en el desdichado Afganistán.

Misoginia es la “aversión a las mujeres, sin entrañar necesariamente inversión sexual”, según definición jurídica del enciclopedista Guillermo Cabanellas. Mientras que las académicas españolas Esperanza Bosch, Victoria Ferrer y Margarita Gill explican en un libro de su autoría común titulado Historia de la misoginia, que en la misoginia se manifiesta “la perversa idea de la supuesta inferioridad, tanto moral como intelectual y biológica, de la mitad de la humanidad…”  Y añaden que se basa “en creencias y prejuicios que han condenado, y lo siguen haciendo, a millones de mujeres a grandes sufrimientos y violencias, y además han frustrado sus legítimas aspiraciones y deseos. Pero también han privado a la humanidad de la mitad de las inteligencias”.

Por su parte, la revista en línea Conversation que es reconocida por el rigor académico de sus investigaciones, advierte en un artículo titulado  Silenciadas y reprimidas: las mujeres afganas continúan con su exilio interno, que “no podemos mirar hacia otro lado frente a las atrocidades cometidas por las autoridades en Afganistán. Tenemos la responsabilidad colectiva de alzar las voces de las niñas y mujeres del país y de actuar ahora”.

Es que en Afganistán, como hemos dicho antes, las mujeres no tienen derechos de ninguna clase. A las niñas no se les permite estudiar más allá del sexto grado de primaria. Las mujeres solo pueden salir a la calle acompañadas por un familiar masculino y deben de llevar el rostro cubierto con una burka, que es “una vestidura que les oculta por completo todo el cuerpo y la cabeza, dejando solo una abertura de malla a la altura de los ojos”. No pueden trabajar en el sector público ni en empresas y sectores económicos determinados por el régimen talibán. Tienen prohibido participar en organizaciones políticas y sociales y prestar servicios en organismos internacionales, incluyendo de las Naciones Unidas. etc., etc.

Debido a semejante infamia que ofende los sentimientos humanos, y por muchas otras atrocidades que comete la tiranía de los talibanes, no más de diez países de todo el mundo reconocen a su régimen que impusieron mediante la guerra en agosto de 2021.

El reconocimiento diplomático del Gobierno de Nicaragua al régimen misógino de Afganistán es una vergüenza nacional. Y debería serlo también para el régimen sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que tanto se jactan de que respetan plenamente los derechos de las mujeres y reconocen la paridad de su representación en las instituciones del Estado.

Las feministas y los activistas opositores de Nicaragua aseguran que eso solo es fachadismo gubernamental. Y el régimen sandinista les da la razón al declarar como sus “hermanos” a los talibanes y reconocer su tiranía misógina.  

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