Tensión entre reconciliación nacional y justicia en Venezuela

A medida que se acerca la elección presidencial en Venezuela, el próximo 28 de julio, la oposición se muestra más segura de que podrá derrotar al régimen socialista autoritario de Nicolás Maduro. Por supuesto que siempre y cuando sean unas elecciones limpias.

En igual medida en la población venezolana que no simpatiza con la dictadura, crece la esperanza de que con el triunfo electoral de la alianza opositora se pueda abrir el camino a la recuperación de la libertad y la democracia, así como a sacar al país de la terrible crisis económica, social y humanitaria que ha causado la dictadura socialista.

Sin embargo, es preciso señalar que también van en aumento las dos grandes dudas que ensombrecen el panorama electoral venezolano. Una, la de que si finalmente las elecciones serán libres y limpias. La otra si el régimen de Nicolás Maduro y compañía reconocerá el triunfo de la oposición y entregará el gobierno respetando el mandato democrático de los ciudadanos.

La verdad es que son tantos los crímenes incluso de lesa humanidad que ha cometido el régimen de Venezuela, según las acusaciones de la oposición democrática y los que son investigados por la Corte Penal Internacional, que resulta difícil creer que Maduro y sus adláteres entreguen el poder sabiendo que serían sometidos a juicio y condenados a prisión.

Seguramente por eso fue que algunos presidentes izquierdistas latinoamericanos sugirieron que en la  misma votación del 28 de julio para elegir al próximo presidente de Venezuela, se consultara y aprobara un acuerdo institucional con el compromiso de que quienes ganen la contienda electoral, no tomarán represalias de ninguna clase contra los perdedores.

Eso significaría, de hecho, que el régimen y la oposición acordaran previamente una amnistía para perdonar y olvidar todos los crímenes que han sido cometidos por el Estado y sus líderes durante la revolución bolivariana, o chavista, o socialista del siglo 21. Pero una amnistía es muy difícil, por no decir imposible, que sea aceptada por la oposición.

La amnistía, desde que fue creada hace más de cuatrocientos años antes de Cristo por los  atenienses de la antigua Grecia, ha sido una herramienta no grata para muchos, pero eficaz para finalizar pacíficamente hasta los peores conflictos armados internos, así como promover la reconciliación nacional. Sin embargo, en los últimos tiempos la amnistía ha caído en desprestigio porque se reconoce que el perdón y olvido de los crímenes políticos significa necesariamente impunidad.

Ahora, en sustitución de la amnistía se habla de justicia transicional, que ofrece a quienes cometieron crímenes políticos procesos judiciales nítidos y condenas moderadas, de conformidad con la magnitud de los delitos cometidos que sean debidamente comprobados por jueces independientes y probos.

Sin embargo, es improbable por lo menos que los cabecillas de la dictadura venezolana entreguen el poder real sabiendo de antemano que serán juzgados y condenados por los crímenes que han cometido, aunque sea mediante la todavía incierta justicia transicional que ha tomado el lugar de la antigua amnistía.

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