Capítulo 13
Un grupo de familiares de presos políticos, que lideraba mi esposa Martha Lucía junto con otras damas, publicó cuatro pronunciamientos, siendo el primero el del 25 de enero de 2022, el cual fue firmado por 101 familiares solicitando la liberación de 170 presos políticos que estaban detenidos en esos momentos. El último fue publicado el 29 de noviembre del mismo año.
Este grupo optó por promover el diálogo constructivo y crear puentes, refiriéndose al Gobierno en términos respetuosos y no confrontativos. Los comunicados fueron bien recibidos, ya que jamás fueron rechazados por el régimen, a pesar de que tuvieron una amplísima divulgación mediática y fueron enviados a la OEA, ONU, SICA, Conferencia Episcopal y a la Nunciatura Apostólica.
En síntesis, en el primer comunicado se afirmaba: “Apelamos a los gobernantes y a las fuerzas vivas de la nación, así como a nuestra Iglesia para que encabecen y apoyen un proceso de unificación ciudadana, dispuestos a construir puentes; dispuestos a escucharnos los unos a los otros para así desarmar la desconfianza que por siglos nos ha dividido”.
Y concluía: “Llanamente hacemos nuestro llamado a esta tarea constructiva por amor profundo a nuestros presos, pero que no quepa la menor duda de que también nos mueve un serio compromiso con la patria, para la cual deseamos más esperanza y menos angustia en todas sus esferas”.
Los siguientes comunicados fueron divulgados el 7 de junio, el 20 de septiembre y el 29 de noviembre de 2022, siendo este último, que fue ratificado por 28 familiares, el más corto, el menos sustantivo y el único que sorpresivamente provocó una reacción adversa en la pareja dictatorial, que envió a nuestra casa horas después de su publicación, en una de sus primeras misiones, al recién nombrado asesor presidencial para asuntos de seguridad, comisionado general en retiro Horacio Rocha.
¿Qué sería lo que causó el enojo del régimen al extremo de enviar al propio comisionado general Rocha a nuestra casa (y de los que estuvieron presentes en la lectura del pronunciamiento) en su primera misión especial? Para ello es necesario examinar el contenido del breve comunicado, aparentemente inocuo que transcribo a continuación.
“Hoy llegamos a las puertas de diciembre celebrando la Concepción de la Virgen María, celebración que nace de lo más profundo de nuestro ser como nación; celebración que hemos manifestado a lo largo de los siglos, uniendo a nuestras generaciones pasadas con las actuales y venideras”.
“Año tras año, las familias nicaragüenses cantamos en las Purísimas y nos juntamos alrededor de los pesebres en los que yace el Niño Dios. Lo hacemos padres, madres, hijos, abuelos y nietos, hermanos y hermanas, fundidos en un abrazo en nuestra fe cristiana”.
“Estos son días de esperanza, de unión familiar, de amistad entre vecinos, de reencuentro con tantos hermanos lejanos que regresan a nuestro terruño querido, ansiosos de repetir a grito partido hasta quedarse sin voz, ¿Quién causa tanta alegría? ¡La Concepción de María!”
“Es en ese espíritu mariano, y reafirmando nuestra nicaraguanidad, que —como ya lo hicimos el 20 de septiembre pasado— les solicitamos a nuestros gobernantes la libertad de todos nuestros presos, en aras al reencuentro de nuestras familias, y del propio país, para que, con un sentido de destino compartido, todos miremos hacia el futuro con optimismo, en una Nicaragua serena y próspera”.
Por la tarde del mismo día 29 de noviembre que este comunicado fuese leído por mi esposa y divulgado en las redes sociales, tuvimos la visita del comisionado general en retiro Horacio Rocha, quien llegó acompañado del jefe de la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía (DOEP), comisionado general Justo Pastor Urbina.
Rocha me solicitó que me retirara a mi cuarto y se quedó en la sala conversando con mi esposa, a quien le dijo que venía en nombre del presidente comandante Daniel Ortega y la compañera vicepresidente Rosario Murillo, que ellos habían tenido la buena voluntad de enviarme a mi casa bajo arresto domiciliario, a pesar de lo cual, ese comunicado estaba fuera de lugar y que si persistíamos publicando otro pronunciamiento, nuestros seres queridos iban a ser trasladados a la Dirección de Auxilio Judicial (el Chipote).
Martha Lucía le respondió que estaba muy sorprendida, dado que el comunicado era totalmente constructivo y conciliador, que nuestra intención no era otra más que aprovechar la víspera de la Purísima y la Navidad para solicitar nuevamente la liberación de nuestros seres queridos y le pidió que les transmitiera a los gobernantes que nunca tuvimos el ánimo de irritar u ofender, y que podían tener la seguridad que no íbamos a emitir otro comunicado.
Cuando mi esposa me contó el mensaje de la breve visita de Rocha, yo especulé que pudiera deberse a dos razones: que quizás había una negociación con los gringos y estaban considerando alguna forma de liberación de algunos o todos los presos políticos, pero no querían que apareciera como una concesión a sus familiares por motivos de la Purísima o la Navidad, es decir, algo fuera del ámbito de la negociación.
La segunda es que en el pronunciamiento se adujeron motivos marianos y religiosos y si ellos lo hacían era porque así lo deseaban y querían tener el control total sobre esa decisión política y no entregar gratuitamente el crédito a la Iglesia o ceder ante presiones de nadie.
Poco antes de la visita de Rocha, a mediados de ese mismo mes de noviembre, nos enteramos que el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, nombró al senador Christopher Dodd como asesor especial presidencial para las Américas con el objetivo de ayudar a implementar las iniciativas claves del presidente y se rumoró que este estaría abriendo un capítulo de negociaciones con la dictadura Ortega-Murillo, entre las que lógicamente estaría priorizada la liberación de prisioneros políticos que los Estados Unidos y la comunidad internacional habían demandado reiteradamente.

Capítulo 14. Diciembre: señales de cambio
En diciembre del 2022, tanto en nuestras casas como en el Chipote, según nos enteramos por medio de familiares, se dieron algunas señales positivas de cambios en el régimen presidiario.
En el mes de diciembre se autorizaron tres visitas familiares, la primera fue para los días 7 y 8 de diciembre en ocasión de la Purísima o Gritería. Las visitas del 24 y 25 de diciembre en ocasión de la Navidad, esta vez solicitando previamente a los familiares de los presos políticos que les llevaran ropa de civil para que sus hijos pequeños no los vieran con el uniforme azul de reos. Luego vino una tercera visita en diciembre en ocasión del fin de año.
A diferencia de las visitas anteriores, en diciembre se colocaron mesas, en un salón amplio, permitiendo a los reos poder verse entre sí. También supimos que se mejoró la calidad y cantidad de la alimentación.
Para Navidad y Año Nuevo en nuestras casas se relajaron un poco los allanamientos y se nos permitió a los reos hacer llamadas de 10 minutos a sus familiares que estaban en el exterior, en números y nombres previamente registrados, con celulares de oficiales de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ) previamente asignados para las llamadas, que lógicamente eran filmadas con los teléfonos celulares de otros oficiales.
A fin de año, a los presos que estaban en el Chipote y tenían sus hijos o familiares fuera del país, también se les permitió hacer llamadas supervisadas y filmadas.
En enero del 2023 que me visitó por cuarta vez mi hija Mariandrea, quien venía desde los Estados Unidos, le permitieron realizar visitas de 4 horas por día, mientras estuvo en el país, en lugar de 1 hora que era lo estipulado.
Fue entonces que tuve la sensación de que pronto iba a ser libre y como preámbulo de esos días de libertad por venir, todas las tardes realizaba una nueva “actividad”, además del ejercicio vespertino.
Salía al pequeño patio interior de mi casa con una colchoneta de hacer ejercicios de mi esposa, me acostaba con la cabeza hacia el cielo a observar las bandadas de aves volando hacia sus nidos al atardecer y los zopilotes sobrevolando a gran altura, con mínimo esfuerzo; la luna asomándose por un lado en el horizonte y moviéndose poco a poco, vedada a veces y ocultada otras, por fugaces nubes blancas.
Y qué no decir de la frecuente y grata visita de los colibrís que haciendo acrobacias se detenían en el aire, extrayendo con sus puntiagudos picos, miel de las flores rojas de las gencianas que engalanan el muro perimetral. De vez en cuando, veía pasar un avión de pasajeros, que en libertad, sobrevolaban nuestras penas y aspiraciones más profundas.
Definitivamente que presentíamos que algo se estaba “cocinando”, pero no sabíamos qué, lo que sí sentíamos es que estas señales, combinadas con los frescos vientos de diciembre y enero que relajan la cálida temperatura de Managua, presagiaban algo positivo en nuestro futuro.
Próxima entrega: Capítulo 15. El vuelo 222 a la libertad
Entrega anterior: Capítulo 12. Los policías que nos custodiaban