Destinos heredados: Los policías que nos custodiaban

Ya en casa, Pedro Joaquín Chamorro Barrios relata la rutina de los policías que lo custodiaban y la alarma que provocó el descubrimiento de teléfonos celulares en las casas de otros reos políticos

Capítulo 12

Desde mi llegada a la casa tuvimos 4 policías permanentemente custodiándonos en un turno de 12 horas que eran relevados por otros 4. Por lo general 2 permanecían adentro de la casa en la terraza, frente al patio y dos afuera de la casa, cubriendo la entrada principal y una entrada accesoria por el jardín circundante que tenía comunicación con el patio central.

Al poco tiempo de estar en mi casa, mi esposa me trajo una noticia que me provocó profunda alegría: el 16 de mayo de 2022 Víctor Hugo había sido trasladado a su casa bajo arresto domiciliario y ahora estaba bajo el cuido de su esposa Deyanira y sus hijas.

Los policías que nos custodiaban eran de la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía (DOEP) cuyo uniforme es negro y muchos llevaban chalecos antibalas. Regularmente, dos portaban armas largas y dos de ellos armas cortas. Siempre iban bajo el mando de un responsable, un oficial de mayor rango, que por lo general era un oficial mayor, un inspector, o a veces, un teniente.

Eran jóvenes humildes, respetuosos, honestos y lo más importante es que con ellos se podía socializar, a diferencia de los policías de la Dirección de Auxilio Judicial (el Chipote) que estaban entrenados para no entablar ninguna conversación, ni siquiera sonreír, con los reos. La mayoría de los policías eran originarios de los departamentos del norte del país y de origen campesino.

Desde su llegada designamos para ellos el baño de visitas —gesto que ellos apreciaron mucho—, por ser el más accesible al área social y al patio de la casa donde permanecían, porque ellos respetaron siempre nuestra privacidad del área de los 3 dormitorios con que cuenta la casa. 

Por las mañanas y algunas veces por las tardes, salía con mi esposa a la terraza para hacer ejercicios bajo su permanente tutela y dirección, para recuperar la masa muscular que había perdido en la cárcel y también solía caminar desde el interior de la casa al pequeño patio interior frente a la terraza, donde siempre estaba sentado al menos uno de los 4 custodios.

Algunas veces entablaba diálogos con los policías, que no tenían la menor idea del porqué me habían echado preso, otras veces los distraía mostrándoles con gran orgullo nuestra obra mayor durante el tiempo que estuve bajo arresto domiciliario: un impresionante rompecabezas del Titanic en 3 dimensiones, de 35 pulgadas y 266 piezas, que contaba con gran iluminación led y que me había enviado mi hija Valentina desde los Estados Unidos para distraerme conociendo mi afición de toda la vida por la navegación y mis habilidades mecánicas.

Todas las mañanas, como a las 6:00 a.m. cuando entraba el equipo de relevo, me tocaban la puerta del cuarto para que saliera a presentarme y el jefe del equipo saliente me tomaba la foto reglamentaria y se la enviaba a sus superiores como evidencia de que me había dejado bien en la casa y luego me presentaba con el oficial responsable del equipo de relevo. 

La misma operación de la foto se repetía todas las tardes como a las 6:00 p.m. cuando entraba el siguiente equipo de 4 custodios, generalmente me encontraban en la sala haciendo ejercicios vespertinos, después de encender una veladora a la Virgen que mi esposa había colocado en la sala para rezar el rosario.

Con el tiempo nos fuimos familiarizando con nuestros custodios y cuando a veces entraba algún oficial a cargo que no conocía, yo rompía el hielo dándole a su grupo la bienvenida a mi casa, “porque sin su presencia, yo no podría estar aquí —les decía— por eso yo no voy a hacer nada que los indisponga a ustedes, ni mucho menos a mí, como intentar escaparme de mi propia casa, que es el mejor lugar donde podría estar”.

La verdad es que detrás del intimidante uniforme negro, los portamagazines y chalecos antibalas que les cubrían el pecho, cruzado por la faja de los temibles fusiles AK-47 —que no se despegaban ni para ir al baño— se esconde un ser humano sensible, con los que uno puede conversar y hasta entablar una amistad sincera, que en las circunstancias en que nos encontrábamos, nunca hubiésemos creído posible.

Con el paso de los meses, la rutina reglamentaria de los custodios fue cambiando, primero se eliminó el requisito de la foto, manteniéndose solamente el de la presentación física del reo; más tarde exigieron que el reo fuese levantado a las 5:00 a.m., una hora antes del cambio de guardia, “para ver si había amanecido bien”; luego se requería presentar nuevamente al reo a las 6:00 a.m. para el cambio de guardia, requisito absurdo que para decir verdad, era obviado por la mayoría de los oficiales responsables.

Aunque tenemos entendido que los policías que nos custodiaban tenían prohibido usar el celular, todos permanecían conectados con sus cargadores distrayéndose con la cabeza hacia abajo en un trabajo que debe ser muy aburrido, particularmente con reos como yo, que no tienen la menor intención de escapar o incluso, dar algún problema como meter a la casa un celular o usarlo, lo cual estaba estrictamente prohibido.

Precisamente nuestra tranquila rutina cambió súbitamente un día de noviembre de 2022, cuando encontraron un celular en las casas de Francisco Aguirre Sacasa y de José Adán Aguerri, quienes en castigo fueron trasladados de nuevo al Chipote. Desde entonces, se produjeron varias requisas o allanamientos extremos y sorpresivos en nuestras casas (los reos que aún estábamos bajo arresto domiciliario).

Los allanamientos eran completos: revisaban cada ropero, armario, mesas de noche, debajo de la cama, escritorios, baños de la casa y hasta el cuarto de servicio. Típicamente duraban dos horas: en el primero de esta serie se llevaron de mi casa dos bolsas de basura grandes llenas de cables de todo tipo, equipos electrónicos obsoletos, 4 pares de audífonos, incluyendo unos de estudio muy buenos y hasta una batería de emergencia para arrancar vehículos, que encontraron en mi carro, seguramente porque tenía una toma USB para con que se podía cargar un celular. Es decir: se llevaron todo lo que se podía usar con un celular, pero por supuesto que no encontraron ninguno.

Esa vez que llegaron con una computadora portátil y un técnico investigador policial nos aseguró que teníamos en la casa una red wifi o un router porque a él le aparecía dicha red en su laptop. Mi esposa le dijo con firmeza que “le podía jurar por ese Cristo que está colgado en la pared y nuestros cuatro hijos que no tenemos un wifi o router de internet en nuestra casa” y que ni que se quedara buscando toda la noche lo iba a encontrar, agregando que cómo se le ocurría que iba a exponer a su marido de esa manera. 

Fueron largos y tensos minutos de suspenso y una requisa extrema, hasta que finamente el técnico policial nos reveló el nombre de la misteriosa red: “Familia Chamorro”.

Mi esposa y yo nos reímos aliviados y le dijimos que seguramente se trataba de la red wifi de nuestros vecinos de la casa #2, que casualmente son de apellido Chamorro. Pues se han ido a la casa vecina con su laptop para verificar que era de allí donde efectivamente emanaba la señal “Familia Chamorro”. Pobres vecinos, pensé entonces, qué susto el que se habrán llevado con tantos policías, ahora en la puerta de su propia casa. 

Habían traído esas pequeñas bolsas ziploc que usa la Policía en todo el mundo para recabar la evidencia y se fueron con las dos bolsas de basura que nosotros les suplimos llenas de cables y equipos que tenía en desuso y muchos ni siquiera recordaba para qué servían. No se podían ir con las manos vacías.

Sólo en la lúcida imaginación de estos “investigadores de alta gama” pudo caber la idea peregrina que después de haber estado 10 meses en el Chipote y de lo que pasó en las casas de Francisco y José Adán, yo iba a tener en mi casa una red wifi con mi apellido y todo, como pregonando: ¡Descúbranme que aquí estoy! 

Después de encontrar los celulares en las casas de Francisco Aguirre y José Adán Aguerri, los policías que nos custodiaban comenzaron a ser vigilados y disciplinados por oficiales de alto rango, típicamente comisionados, que llegaban sorpresivamente a bordo de una moto desde la comandancia general de Policía (Plaza del Sol) y con libreta en mano les hacían muchas preguntas a los responsables de turno para comprobar que todos estaban cumpliendo con lo dispuesto en su estricto reglamento. 

Pude observar con el paso de los días que esta nueva disposición de “control sobre control” estresaba mucho a los equipos de policías que nos custodiaban y generaba fricción entre los dos cuerpos policiales: los de negro, que eran los de la DOEP destacados en mi casa, y los de uniforme celeste que venían de la central de Plaza del Sol, o de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), mejor conocida como el Chipote.

Próxima entrega: Capítulo 13. La visita del comisionado Horacio Rocha

Entrega anterior: Capítulo 11. El regreso a casa

Ya se encuentra disponible el libro Destinos heredados en Amazon, donde lo puede adquirir en formato kindle e impreso.

Puede interesarte

COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    Creo que es importante remontarse hasta los apresurados y manipulados Acuerdos de Sapoá, para entender el Fenómeno y Montaje de un Estado Comunista en Nicaragua, que están llevando hacia delante los ORMUS, en estos momentos de debacle institucional y derribo de la de la Democracia a través de las Confiscaciones y Destierros. En Sapoa surgió la gran división de estrategia al lograr el ahora prisionero de confianza Humberto Ortega seducir a algunos Comandantes y Directorio de la Resistencia ofreciendo Comandancias del Ejército y en el caso de los Políticos de Directorio se les sedujo e hizo creer a algunos, que la línea que se oponia a llegar a acuerdos concretos en ese momento estaban en la ruta equivocada de la historia. Al grupo negociador de Parte de la Resistencia que asistió a las negociación de Sapoa, sólo se les había autorizado a un primer encuentro en las negociaciones y no firmar acuerdos con la contraparte. Sería interesante que PJCH opinara o escribiera algo al respecto.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí