Aunque solo sea en fotografías, muchos católicos de Nicaragua han podido ver la imagen de monseñor Rolando Álvarez Lagos, la víctima personal más prominente de la persecución religiosa y sin duda que el obispo más querido del país.
El arzobispo de Sevilla, Andalucía, España, monseñor José Ángel Saiz Meneses, colgó el jueves de esta semana en su cuenta de X unas fotografías en las que aparece junto al obispo nicaragüense que está exiliado en Roma desde enero del presente año, después de pasar más de quinientos días en prisión.
Sin dar más información, el arzobispo sevillano dijo que monseñor Rolando Álvarez estaba realizando “una visita de cortesía y descanso” al Palacio Arzobispal, el seminario, la catedral y la casa sacerdotal de Sevilla. Pero solo ver las imágenes de monseñor Álvarez en las fotografías que colgó el arzobispo de Sevilla y se difundieron viralmente, alegró a mucha gente de Nicaragua, católicos, laicos y de otras creencias que admiran y respetan al obispo de Matagalpa por el martirio que ha sufrido por su defensa incondicional de los derechos humanos, la democracia y la libertad política y religiosa de los nicaragüenses.
Al ver el buen aspecto físico y el rostro sereno que presenta el obispo Álvarez en las fotografías, algunos católicos estiman que muestra su tranquilidad de conciencia y que ha perdonado a sus ofensores. Esto de acuerdo con el mandato de Jesucristo en la oración más importante de la cristiandad, el Padre Nuestro, que dice en su parte esencial: “Y perdona nuestras ofensas del mismo modo que nosotros perdonamos a los que nos ofenden…”
También se interpretan las fotografías y el breve texto del arzobispo de Sevilla como una reafirmación de que, aunque está en el exilio monseñor Álvarez sigue siendo el obispo de Matagalpa y administrador de la Diócesis vacante de Estelí.
Esto ya lo había asegurado el obispo de Danlí, Honduras, monseñor José Antonio Canales, en declaraciones a LA PRENSA publicadas el 22 de mayo pasado. El obispo hondureño informó en aquella ocasión que se reunió en Roma con monseñor Álvarez y que “la Santa Sede quiere llevar las cosas con tranquilidad… No hay ninguna decisión (de parte del papa Francisco). Pero te puedo asegurar que sigue siendo el obispo de Matagalpa y administrador apostólico de Estelí. Esos títulos los sigue teniendo”.
En realidad, según canon 395 del Código Canónico de la Iglesia católica, el obispo debe residir en su diócesis de la cual solo se puede ausentar temporalmente en los casos previstos. Sin embargo, en el caso de una sede episcopal no vacante sino “impedida”, como llama el Código Canónico a la ausencia forzada del obispo “por cautiverio” o destierro, no manda a que el obispo sea sustituido sino a que un “colegio de sacerdotes consultores” elija a uno de ellos que debe regir la diócesis a título de administrador diocesano.
O sea que aunque el obispo esté ausente por la fuerza mayor de la represión, la diócesis no está al garete o a la deriva; y el papa se puede tomar todo el tiempo que quiera para decidir si nombra un nuevo obispo o mantiene indefinidamente al que está en cautiverio o ha sido desterrado.
Por supuesto que si de repente el papa Francisco decidiera nombrar un nuevo obispo en la Diócesis de Matagalpa, sería un agravio personal a monseñor Rolando Álvarez y un golpe moral al pueblo católico de Nicaragua. Que no se lo merecen.