Continuismo político izquierdista en México

El triunfo electoral de Claudia Sheinbaum en las elecciones presidenciales del domingo 2 de junio en México, aseguró el continuismo del régimen político establecido por el presidente izquierdista Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Sheinbaum era la candidata del partido en el gobierno, Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y ungida personal de AMLO, a quien ella reconoce como su “mentor”. Es decir, su padrino, guía y maestro.

Aunque las personalidades de Sheinbaum y AMLO son distintas (aparte de que ella es mujer y él hombre, lo que no es poca cosa) la presidenta electa de México ha dicho que su compromiso prioritario es darle continuidad a la estrategia gubernamental diseñada y ejecutada por  AMLO en los últimos seis años. Una estrategia política que el mismo AMLO denomina ampulosamente  “la cuarta transformación”.

Esta denominación se refiere, según López Obrador, a que antes de que él llegara al poder hubo en México tres grandes transformaciones. La primera fue la Guerra de Independencia Nacional, de 1810 a 1821. La segunda, la Reforma de Benito Juárez, de 1858 a 1861 que separó al Estado de la Iglesia y consolidó la constitucionalidad mexicana. La tercera fue la Revolución de 1910 a 1917 que cambió la fisonomía social del país. Y la cuarta transformación es, supuestamente, la de López Obrador, quien la iguala con las gestas de Francisco Madero, Emiliano Zapata y  Benito Juárez. Pero en realidad no transformó nada durante sus seis años de gobierno. Solo provocó el incremento desmedido de la violencia y en política exterior practicó la connivencia con las dictaduras izquierdistas y populistas de América Latina y el Caribe.

Sheinbaum declaró la misma noche de su elección que en política exterior se regirá por el principio de no intervención, lo cual significa que mantendrá la relación amistosa con las dictaduras del socialismo del siglo 21 de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Tal vez con la diferencia de que lo hará más discretamente, con recato femenino, sin la ampulosidad verbal y el exhibicionismo peculiar de AMLO.

Se puede decir que en general la política exterior no será una prioridad de la próxima presidenta mexicana, a juzgar por el breve espacio que ocupa en su programa de gobierno. En el que básicamente menciona que “buscará fortalecer el papel de liderazgo de México, extendiendo su influencia globalmente, con presencia en Foros Multilaterales, así como la protección de mexicanos en el exterior y el apoyo en los temas migratorios”.

Ella habla de la democracia y los derechos humanos, pero de manera tangencial. No parece interesada en actuar en la defensa de esos derechos que son violados masivamente por las dictaduras del siglo 21. Como AMLO, ella seguirá escudada en el principio de no intervención, el cual significa para la izquierda gubernamental mexicana dejar que cada gobierno haga lo que quiera con su gente, aunque sea lo peor, como es violar masivamente los derechos humanos al extremo de cometer crímenes contra la humanidad, porque tal es su “derecho soberano”.

Sin protestar ni siquiera en los foros internacionales.

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