La primera y principal lectura que se puede hacer del caso de que Donald Trump ha sido declarado culpable de un delito penal por un jurado de Nueva York, es que demuestra que en Estados Unidos (EE. UU.) nadie está por encima de la ley.
Eso es lo que se ha creído siempre en el mundo democrático, de EE. UU., pero con el juicio al poderoso e intimidante expresidente Donald Trump, y por los alegatos jurídico-políticos de sus defensores legales, se pensó que en este caso se rompería el principio democrático esencial del sistema republicano de EE. UU., de que nadie puede estar encima de la ley.
Uno de los alegatos más consistentes de la defensa legal de Trump ha sido que el privilegio de inmunidad que tenía durante su mandato presidencial lo sigue protegiendo hasta ahora. Lo cual, si fuese cierto sería una aberración jurídica y política, pero al menos en este caso un jurado de Nueva York la ha refutado.
Sin embargo es algo que no se puede considerar como definitivo, pues tras el veredicto del jurado neoyorquino vienen las apelaciones que podrían anularlo, tomando en cuenta no solo los alegatos de la defensa de Trump sino también, y sobre todo, su enorme poder político y mediático en la sociedad estadounidense.
Otra lectura del veredicto de culpabilidad de Trump es que no perjudica su carrera hacia la reelección presidencial. Incluso la ha favorecido, a juzgar por las informaciones de que tras la decisión del jurado aumentó 6 puntos en el índice de preferencia política.
Por otra parte, aseguran los expertos que es muy difícil que Trump vaya a la cárcel. Y que aunque eso ocurriera, no le impediría seguir siendo candidato presidencial, ganar las elecciones de noviembre y recuperar el poder ejecutivo de EE.UU. que al parecer cree que le pertenece por derecho propio.
La Constitución de EE. UU. aprobada en 1787 (hace 237 años) establece en su artículo dos que cualquier ciudadano nacido en el país o que tenga 14 años de residencia y haya cumplido 35 años de edad, puede ser elegido para el cargo de presidente de la República. Y nada más. De manera que hasta el peor delincuente reconocido y aunque esté recluido en una cárcel puede ser presidente de EE. UU. si una mayoría de gente cegada por el fanatismo vota por él. Lo cual ahora más que nunca podría ocurrir por la decadencia moral y política en gran parte de la sociedad estadounidense.
Finalmente, no podemos dejar de mencionar la declaración del régimen de Rusia sobre el veredicto del jurado contra Trump. “Es evidente que (en EE. UU.) está en marcha una eliminación de rivales políticos por todos los medios legales e ilegales posibles”, declaró el portavoz presidencial ruso.
Lo dice el vocero de un presidente autócrata, autoritario e inescrupuloso, como es Vladímir Putin, quien no permite la oposición en Rusia y sus principales rivales políticos están presos, exiliados, han sido envenenados o los han matado en prisión, como le ocurrió a Alexei Navalni recientemente.