Condecoraciones y traición a la patria

Daniel Ortega calificó de traidor a la patria a su hermano, Humberto Ortega —el controversial general retirado y antiguo jefe del Ejército sandinista—, porque en enero de 1992 honró con una condecoración al entonces agregado militar de la Embajada de Estados Unidos (EE. UU.) en Nicaragua, teniente coronel Dennis F. Quinn.

Pero eso fue solo el pretexto. La causa de que Daniel Ortega vilipendiara a su hermano y lo calificara como traidor a la patria —que lo podría llevar a la cárcel, al destierro y a la pérdida de la nacionalidad—, fue un artículo de opinión publicado por Humberto Ortega en LA PRENSA y luego las declaraciones que dio a Infobae, en las que reiteró sus cuestionamientos a la dictadura y puso en duda la continuidad del régimen después de su hermano Daniel. Además, insistió en que se debe buscar una salida negociada de la dictadura que conduzca a la reconciliación nacional y la restauración de la democracia.

Condecorar a personas nacionales o extranjeras es una función común de los  gobiernos y las instituciones o los funcionarios autorizados para hacerlo. Eso se acostumbra para satisfacer la  vanidad de quienes se complacen en recibir y exhibir condecoraciones como premio o reconocimiento por lo que hacen, aunque solo sea cumplir su deber por lo cual habitualmente reciben jugosas remuneraciones.

La imposición de condecoraciones viene desde la antigüedad egipcia. Y en la actualidad la acostumbran sobre todo  los militares, que en días de fiestas oficiales y desfiles de gala se ufanan mostrando en sus uniformes las brillantes medallas de distintos metales que les han sido otorgadas por méritos reales o supuestos.

En Nicaragua hay un montón de órdenes y medallas oficiales de condecoración, que se otorgan a cuanta persona de su agrado se le ocurre a los gobernantes. Solo en el caso del ejército sandinista se conoce que por lo menos son diez las medallas que concede.

Fabián Medina, el periodista de LA PRENSA que entrevistó a Humberto Ortega para Infobae, demuestra en una columna de opinión publicada este jueves 30 de mayo en LA PRENSA la absoluta inconsistencia de calificar a Humberto Ortega como traidor a la patria, porque en 1992, cuando era jefe del Ejército en el gobierno legítimo  y democrático de doña Violeta condecoró al agregado militar gringo, como es usual que se haga con diplomáticos extranjeros de alto rango cuando terminan su misión en el país.

Medina informa que en el actual gobierno de Daniel Ortega su jefe del ejército condecoró con medallas de honor a altos militares de Estados Unidos, en los años de 2015, 2017, 2018 y 2019. Y agrega que el gobierno otorgó la máxima condecoración diplomática del país a una embajadora del “imperialismo” yanqui. De manera que decir que por eso Daniel Ortega es un traidor a la patria sería simplemente un disparate.

La traición a la patria es el peor crimen o conjunto de delitos que una persona puede cometer en contra de su propio país. Por ejemplo, asociarse con Estados enemigos de la nación y particularmente cooperar con ellos en tiempos de guerra. Pero el actual régimen de Nicaragua califica y condena como traidores a la patria a personas inocentes porque son disidentes o abogan por un cambio de gobierno por medios pacíficos y constitucionales, como es normal en todo país civilizado.

Inclusive, el régimen le ha dado rango constitucional a la política de calificar como traición a la patria a personas inocentes, solo porque son opositoras y abogan por la democracia. Es una aberración jurídica que se deberá  corregir en cuanto el país, la nación y el Estado de Nicaragua regresen a la senda de la civilización y la decencia jurídica.

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