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La bendición de ser madre

En el Día de la Madre nicaragüense es un deber moral rendir homenaje a todas las madres que perdieron para siempre a sus hijos durante los turbulentos acontecimientos sociopolíticos de abril y mayo de 2018.

En aquella trágica y dolorosa situación se comprobó lo dicho por Heródoto, el eminente historiador griego del siglo IV antes Cristo, de que en épocas normales los hijos entierran a los padres, pero en los convulsos tiempos de guerra y otros conflictos violentos son los padres, y las madres, quienes entierran a los hijos.

Pero la maternidad es una bendición de Dios que está por encima de cualquier situación social y conflicto político. Siempre se ha creído —aunque ahora se dice mucho lo contrario— que la maternidad es la función propia de la mujer, “la que realmente la hace mujer”. Pero además la maternidad no es solo una función natural de la mujer sino también una suprema misión moral y educadora. Pues no solo el cuerpo sino también el alma y la inteligencia de la mujer están preparadas para desempeñar la función maternal.

Ser madre “es la bendición más maravillosa y a la vez poderosa que tiene toda mujer, el dar a luz a un nuevo ser es el milagro más grande que toda mujer puede experimentar”, escribe la periodista mexicana Angélica Maldonado. A su vez, la profesora universitaria venezolana de Filosofía, Lenguaje y Comprensión, Ofelia Avella, explica que la maternidad es una experiencia que cambia la vida a la mujer. “Haber llevado durante 9 meses a un bebé en el vientre deseando verle el rostro, verlo y abrazarlo cuando nace, escuchar su vocecita llorar apenas entra al mundo y empezar a habituarse a una vida con él, es impactante”.

Agrega la profesora universitaria venezolana, quien es madre de cuatro hijos, que “la maternidad es un tremendo don. Un don maravilloso, pues nos hace ver el aspecto hermoso de la creación, nos hace sensibles, tiernos, más humanos. Por eso es triste encontrarse con mujeres que desearían no haber tenido a sus hijos, que buscan abortar, matar al hijo de sus entrañas…”  Lo cual, agregamos nosotros, lamentablemente ocurre con frecuencia y en muchas partes del mundo.

Madre Teresa de Calcuta, quien por su vocación y entrega religiosa no fue madre físicamente, pero tenía la maternidad en el alma, enseñó la filosofía sublime de la maternidad: “Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo… en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado”.

En este Día de las Madres nicaragüenses las saludamos a todas, sin distingos de ninguna clase. A las que tienen la fortuna de poder celebrar con sus hijos. A las que son madre y padre a la vez cuyo sacrificio amoroso por sus hijos es doble. Y especialmente a las madres que han sentido el inmenso dolor de haber perdido a sus hijos en cualquier circunstancia, pero los siguen amando en el recuerdo como solo las madres pueden amar.

¡Feliz Día de la Madre para todas!

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