Esa cosa tan esquiva que es la reconciliación

El problema del general retirado Humberto Ortega Saavedra, hermano del dictador Daniel Ortega y exjefe del Ejército Popular Sandinista (EPS), ha evidenciado la extrema polarización ideológica y política de Nicaragua.

Al decir problema de Humberto Ortega nos referimos a la reacción provocada por su artículo de opinión publicado en LA PRENSA del 13 de mayo corriente, las declaraciones que dio al medio argentino Infobae y la “restricción” policial en su vivienda que le ha sido impuesta por el régimen, como castigo por las mencionadas publicaciones.

Es la evidencia de que en este país no hay espacio para ninguna forma de reconciliación nacional entre los contrarios políticos que son tan antagónicos y excluyentes.

En realidad, si nos ocupamos de esto es más bien por interés intelectual, pues aunque la reconciliación es básicamente un concepto ético cristiano, por su significación y utilidad práctica se utiliza como  herramienta para resolver conflictos y restablecer la paz donde ha sido rota. De modo que la reconciliación es también un concepto de la ciencia y la literatura política internacional.

También debemos aclarar que llamamos cosa “esquiva” a la reconciliación, porque el sentido que el Diccionario de la Lengua española da a esta palabra es “desdeñoso, áspero, huraño”. O sea, lo contrario a una actitud de apertura y buena voluntad para entenderse con el otro y reconciliarse con el enemigo en aras de un interés común.

A propósito de la reconciliación, la docente de Psicología en la Universidad Santo Toribio de Mogrovejo, en Perú, profesora Marilia Cortez Vidal, en un ensayo sobre el tema reflexiona sobre la extrema dificultad de que las personas se reconcilien. Es muy difícil, dice, porque reconciliarse “significa hacer las paces con una persona o evento, pero qué demandaría ello: ¿perdonar, amistarse, olvidar?”

Cabe precisar que la universidad peruana mencionada es promovida y patrocinada por el obispado católico de Chiclayo, en el departamento peruano de Lambayeque, lo cual permite entender que la filosofía ética y política de la profesora Cortez Vidal es cristiana.

“La palabra reconciliación —dice la psicóloga peruana— es un término complejo que involucraría varios aspectos, a la persona le podría generar dificultades señalar: ‘olvidemos lo ocurrido, hagamos las paces’, más si el evento o circunstancia causó daño”. Esto es más que entendible en casos como el de Nicaragua por los eventos sociopolíticos de 2018 y posteriores, e inclusive los ocurridos en el siglo pasado.

“¿Qué tan difícil es perdonar y lograr la reconciliación nacional?”, pregunta la catedrática peruana, y responde: “El perdonar es un proceso que demanda paciencia y reconocimiento, la memoria juega un papel importante en este proceso introspectivo ya que una ofensa es difícil de olvidar, quedando impregnada en nuestra memoria y utilizada cada vez que sea necesaria…”

No estamos sugiriendo y menos proponiendo algo, solo expresamos la opinión de una experta acerca de la reconciliación nacional, que es tan necesaria, pero al mismo tiempo muy esquiva e incomprendida.

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