El señor Gustavo Ortega Artola falleció este jueves 16 de mayo a los 90 años de edad. Fue uno de “los hombres de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal”, si se puede llamar así a quienes acompañaron de manera muy cercana al Mártir de las Libertades Públicas y Héroe Nacional en la Unión Democrática de Liberación (UDEL), en los 4 años del trepidante último tramo de su recia lucha para que Nicaragua volviera a ser república, es decir, libre y democrática, con justicia y Estado de derecho.
Gustavo Ortega Artola fue un activo defensor de las clases humildes de las que provenía, luchador por la justicia social al mismo tiempo que por la libertad y la democracia, que para ser efectivas tienen que ser a la vez.
Fue uno de los fundadores del Instituto de Promoción Humana (Inprhu), entidad de orientación social cristiana que realizó una amplia y fecunda obra social humanitaria.
Pero también desde muy joven Gustavo Ortega Artola se integró a la actividad política democrática, primero como miembro de la Juventud Conservadora, que era uno de los más dinámicos movimientos de lucha contra el somocismo; y después en el Partido Social Cristiano fundado en 1957.
Formó parte de la treintena de jóvenes opositores de ambos sexos, estudiantes y trabajadores, que el 27 de octubre de 1966 saltaron al terreno del Estadio Nacional de Managua durante la inauguración del Campeonato de Beisbol Profesional, desplegando una enorme manta con la consigna “No más Somoza” impresa en grandes letras. La brutal represión de la Guardia Nacional contra aquel acto pacífico provocó una estampida humana que dejó el funesto saldo de doce personas muertas.
Cuando en diciembre de 1974 se constituyó la Unión Democrática de Liberación (UDEL) con el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal como presidente nacional, Gustavo Ortega Artola fue elegido su presidente en Managua. Y él, por su talento y capacidad creativa fue el autor del himno de UDEL, que se entonaba en las actividades públicas de aquel movimiento que fue ejemplar por su diversidad pluralista política e ideológica, fundada en la tolerancia, el respeto mutuo y la acción común.
Gustavo Ortega Artola era también colaborador gráfico de LA PRENSA, y cuando el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fue asesinado el 10 de enero de 1978, tomó en la morgue de Managua la impresionante fotografía del cuerpo del héroe acribillado a balazos, que se divulgó ampliamente nacional e internacionalmente.
Ortega Artola se integró en las manifestaciones masivas de protesta por el asesinato del doctor Chamorro Cardenal, fue encarcelado con muchas personas más, pero liberado en el mismo año de 1978 por una amnistía que decretó el somocismo con ánimo de que la paz social y política volviera al país.
Pero el asesinato del doctor Chamorro Cardenal ya había creado una situación revolucionaria y las insurrecciones populares que se sucedieron en distintas partes del país, dirigidas por los sandinistas, terminaron por derrocar a la dictadura somocista en julio de1979. Se esperaba que entonces Nicaragua volvería a ser república, pero el sandinismo en el poder resultó peor que el somocismo.
Después del triunfo sandinista, Gustavo Ortega Artola fue funcionario del INSS bajo la dirección de Reynaldo Antonio Téfel Vélez, otro destacado socialcristiano de izquierda que como tantos nicaragüenses de buena voluntad se ilusionó con las promesas de la Revolución Sandinista. Después de algún tiempo, Ortega Artola se desligó del FSLN.
Gustavo Ortega Artola fue un ser humano ejemplar. Católico practicante, fiel esposo y amoroso jefe de familia, devoto del trabajo honrado, educó a sus hijos en los valores espirituales del cristianismo y la ética laica del amor a la libertad, la justicia, la democracia y el respeto a los derechos humanos.
Como una clara muestra de su calidad humana, de su perseverancia en la búsqueda de la superación personal, cabe destacar que ya siendo adulto mayor, casi a los 70 años de edad, Gustavo Ortega Artola se graduó como abogado con notas distinguidas. Pero no lo hizo para ejercer la profesión, sino por su afán de superación y para demostrar con el ejemplo todo lo que la persona humana puede lograr si se esfuerza debidamente y transita por el camino correcto. Una invaluable riqueza humana que le ha heredado a su familia.
De manera que no cabe ninguna duda de que Gustavo Ortega Artola descansa en paz y disfruta ya de la gloria divina en la que creyó y fue la esperanza que le dio sentido a su vida.
Vayan a sus hijos y demás familiares nuestro sentimiento de pesar por la desaparición física del viejo y buen amigo de LA PRENSA que fue Gustavo Ortega Artola durante toda su vida.