Según informó LA PRENSA este lunes 13 de mayo, al comienzo de este mismo mes entró en vigencia plena el Acuerdo de Asociación (AdA) entre la Unión Europea (UE) y Centroamérica.
Este Acuerdo se basa en tres pilares fundamentales, cuales son, primero, el intercambio de bienes y servicios entre las partes; segundo, la cooperación para el mejor aprovechamiento de la ayuda europea y, tercero, el diálogo político que comprende democracia, Estado de derecho y respeto por los derechos humanos.
El Acuerdo fue pactado en 2012 y se comenzó a aplicar parcialmente en 2013, pero ahora ya tiene vigencia plena al haber ratificado todos los países asociados la totalidad de sus cláusulas, incluyendo la política, que es llamada también cláusula democrática.
Esta cláusula es precisamente la que diferencia a los Acuerdos de Asociación con la UE de los tratados tradicionales de libre comercio que solo incluyen los intereses económicos con condiciones ventajosas para las partes. En este aspecto, es importante destacar que según la mencionada información de LA PRENSA, desde que se comenzó a aplicar parcialmente el acuerdo de la UE con Centroamérica el volumen del intercambio comercial entre las dos partes creció en 154 por ciento.
Sobre la cláusula política del Acuerdo de Asociación de la Unión Europea con Centroamérica, opositores tienen la esperanza en que con su entrada en vigor el régimen de Nicaragua tendrá una fuerte presión para que respete los derechos humanos y se abra al restablecimiento de la democracia. Pero siendo realistas eso no será así necesariamente.
Primero, porque el Acuerdo de Asociación de la UE es global con todos los seis países de Centroamérica (Panamá incluido) y no con ninguno de ellos por separado. Y segundo, porque la cláusula política no es lo primordial, aparte de que en los países de la UE hay diferentes visiones sobre cómo relacionarse con los gobiernos asociados que no respetan los derechos humanos, parcialmente o del todo.
Al respecto, la profesora de Derecho Internacional Privado y Políticas Sectoriales de la Unión Europea en la UNIR (Universidad en Internet de La Rioja, España), doctora Cayetana Santaolalla Montoya, asegura en un documentado ensayo sobre el tema que la UE tiene en relación con la democracia y los derechos humanos “una distinta vara de medir, según de qué países se trata”. Depende, dice, de qué tan estratégicos son esos países para la UE “desde un punto de vista diplomático, económico y político”.
Explica la académica española que no es lo mismo “si quien ha incumplido la cláusula (democrática) es un país diplomáticamente importante para la UE, como es Rusia, Israel, Colombia, México o Turquía, que si lo hace un país de la ACP”, o sea África, Caribe y Pacífico.
Se trata de lo que llaman realpolitik (política realista o de sentido práctico), que significa una diplomacia política “basada principalmente en consideraciones de circunstancias y factores dados, en lugar de seguir estrictamente premisas ideológicas, morales o éticas”.
Se considera como grandes maestros de la diplomacia de la real politik de los tiempos modernos a famosos personajes políticos como los estadounidenses Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski, el francés Charles Degaulle, el alemán Hans-Dietrich Gensher y el chino Deng Xiaoping. Esa diplomacia es la que predomina internacionalmente, aunque no siempre evita los conflictos inclusive de carácter bélico.
Volviendo, para finalizar, al Acuerdo de Asociación de la UE con Centroamérica, lo más probable es que en el caso de la cláusula democrática la parte europea seguirá apelando a la persuasión con sus asociados centroamericanos violadores de los derechos humanos, en vez de poner en práctica una presión que pueda crear o agravar situaciones conflictivas.