El pasado viernes 10 de mayo la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) aprobó, con 143 votos a favor, 9 en contra y 25 abstenciones, una resolución a favor del ingreso de Palestina como miembro pleno.
Palestina es observadora permanente en la ONU. No es un Estado soberano porque no cumple todos los requisitos para serlo, como por ejemplo tener el dominio de un territorio nacional claramente determinado y un autogobierno reconocido por todos sus habitantes, así como poseer un ordenamiento jurídico efectivo y capacidad de autofinanciarse.
En realidad, la votación de la Asamblea General de la ONU a favor del ingreso de Palestina como miembro pleno es una maniobra política para presionar a Israel en la que se refleja la intensa lucha y la nueva correlación de fuerzas entre los bloques de Estados que disputan la hegemonía geopolítica mundial. Y es una muestra del avance de las potencias autoritarias y sus asociados y satélites, que poco a poco le van quitando a las grandes democracias del mundo el liderazgo político internacional.
Precisamente por ser una maniobra política y no tener razón y base jurídica, la resolución de la Asamblea General no puede ser efectiva. Según la Carta de la ONU la admisión de nuevos miembros es una función compartida de la Asamblea General con el Consejo de Seguridad. Pero este ya rechazó el 19 de abril del presente año la solicitud de ingreso de Palestina, por el veto de Estados Unidos que es uno de los cinco países que tienen ese privilegio.
EE.UU. asegura no estar en contra de que Palestina ingrese a la ONU como miembro de pleno derecho. Pero sostiene que su admisión debe ser consecuencia de un acuerdo con Israel que permita poner fin al conflicto militar en Gaza y a la histórica y crónica guerra en Oriente Cercano, a través del reconocimiento recíproco a la existencia de los dos Estados: Israel y Palestina.
Si Palestina ingresara a la ONU como Estado independiente sin serlo y sin mediar un acuerdo con Israel, el conflicto en vez de resolverse se agravaría. Como ha advertido Infobae en su reporte sobre la resolución de la Asamblea General del viernes pasado, si la votación hubiera sido efectiva “la ONU habría aceptado a una organización declaradamente terrorista como miembro pleno… los líderes de Hamás tendrían pasaporte diplomático, serían inmunes a las alertas rojas de Interpol y podrían abandonar su exilio dorado en Qatar, adonde están protegidos por el Emirato”.
Agrega además el reporte de Infobae que con la admisión de Palestina en la ONU, ahora mismo y solo por la fuerza política, se desataría un grave conflicto interno por la representación en Naciones Unidas, “entre la organización terrorista de Hamás que controla Gaza, y la Autoridad Nacional Palestina (APN) que aún administra Cisjordania”.
Israel, desde que se constituyó como Estado independiente en 1948 ha estado en guerra con sus enemigos regionales que han querido aniquilar al pueblo judío. Israel nunca ha sido vencido militarmente y ahora está derrotando a Hamás. Sin embargo, ha perdido la gran guerra de la política, de las ideas y la propaganda, en la cual no se pelea con armas militares, pero es igualmente devastadora.
La votación en la Asamblea General de la ONU y los bulliciosos y generalizados movimientos sociales y políticos internacionales contra Israel, en protesta por la gran cantidad de muertes civiles en la guerra que por necesidad está librando en Gaza, son pruebas contundentes de esa gran derrota israelí.