Se informa que el comercio minorista chino en el país, con su amplia oferta de toda clase de productos de consumo popular a bajos precios, está perjudicando a los comerciantes locales.
Pero esa es solo una de las dos caras de la moneda. La otra, que también se debería mencionar, es que los consumidores locales se benefician con los precios más favorables que ofrecen los comerciantes chinos.
La expansión comercial china gracias a sus amplias ventajas competitivas ocurre en casi todo el mundo, y no solo en los países económicamente atrasados y débiles, como Nicaragua, sino también en los ricos y desarrollados.
Desde que China comenzó su reforma económica de tipo capitalista, pero llamada “socialismo de estilo chino”, la gran potencia asiática que del comunismo solo conservó su armazón política totalitaria, ha experimentado un auge económico arrollador. China ya es la segunda potencia económica del planeta y en poco tiempo será la primera.
Sin embargo, la parte del camino que le queda por recorrer para establecerse como la primera potencia económica mundial, es muy probable que sea la más difícil de toda la ruta que ha recorrido en su “gran marcha” hacia la hegemonía mundial.
Pero no es porque en el mundo democrático haya algún país o bloque de Estados con un liderazgo dispuesto a plantarle cara a China para frenar su impetuoso y agresivo avance. Es que al asumir como propio el modelo de economía capitalista China no solo puede aprovechar sus ventajas, como lo ha hecho hasta ahora. También tiene que enfrentar las contradicciones inherentes al capitalismo y sufrir sus altibajos y hasta retrocesos.
En ese sentido se puede decir que China es un gigante con pies de barro, o mejor dicho, un coloso con pies de agua. La falta de agua podría perjudicar gravemente el potencial económico de China y malograr su objetivo de alcanzar la hegemonía mundial.
No estamos divagando. Ya en 2007 el entonces ministro chino de Recursos Hídricos, Wang Shucheng, advirtió en tono dramático que “luchar por cada gota de agua o morir es el desafío que enfrenta China”. Según las estadísticas mundiales, China posee entre el 5 y el 7 por ciento del agua dulce que hay en el mundo. Pero tiene alrededor del 20 por ciento de la población mundial y “una cantidad importante del agua se ha vuelto inutilizable por los vertederos industriales y su nulo tratamiento”. Así lo informa el medio PanAm Post que además recuerda que en 2021 se dio a conocer un estudio según el cual entre el 80 y el 90 por ciento del agua subterránea de China y la mitad de la de los ríos “está demasiado sucia para beber”.
Para impulsar su gran desarrollo industrial China ha sobrexplotado de tal manera las aguas subterráneas, que según un estudio realizado en 80 ciudades de China por la revista Science, en conjunto con varias universidades del país, “45 % de las áreas urbanas se están hundiendo más de tres milímetros por año, mientras que 16 % lo hace más de diez milímetros anuales”. Mientras que las aguas de los ríos han sido depredadas. Un Censo Nacional del Agua de la misma China reveló que “el número de ríos con importantes áreas de captación pasó de 50,000 en la década de 1950 a 22,909 para el año 2013 debido a la sobreexplotación de los recursos hídricos”.
China ha informado que su programa espacial de exploración de la Luna ha revelado que hay en el satélite de la Tierra inmensas reservas de agua. Pero en el caso de que China lograse apropiarse de la Luna, le sería muy difícil, si no es que imposible, transportar a la Tierra el agua lunar.
Como ha escrito la periodista venezolana Oriana Rivas, para China la falta de agua “no solo es un asunto de sobrevivencia, también es un asunto geopolítico. Si China no tiene recursos (hídricos), no puede seguir desarrollando sus industrias y, por ende, peligra su objetivo de convertirse en la primera potencia mundial por encima de Estados Unidos”.