Abril es también el mes del triunfo de la democracia

En este mes de abril los nicaragüenses que aman la libertad y quieren la democracia han conmemorado el sexto aniversario de la rebelión democrática de 2018. Han recordado con emoción aquel histórico alzamiento ciudadano autoconvocado y rendido homenaje con devoción a la memoria de todas las personas que perdieron la vida en la represión de aquella gesta gloriosa.

Pero en este mes tan caluroso también se ha recordado la conspiración democrática del 4 de abril de 1954 contra la dictadura del general Anastasio Somoza García, protagonizada por un grupo de patriotas civiles y militares que casi todos fueron asesinados por los verdugos somocistas.

Más todavía, abril es el mes de conmemoración del triunfo de la democracia en Nicaragua. No es posible olvidar, y más bien siempre se debe recordar que el 25 de abril de 1990 fue inaugurado el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro y la Unión Nacional Opositora (UNO), que estableció la democracia después de haber triunfado en las elecciones inusualmente libres del 25 de febrero de aquel mismo año.

La democracia que hubo en Nicaragua desde el 25 de abril de 1990 hasta enero de  2007 —cuando Daniel Ortega y el FSLN retomaron el poder para restaurar la dictadura—, no fue igual que las democracias de países políticamente más avanzados, como Costa Rica o Uruguay. No podía serlo.

En Nicaragua no había tradición, cultura política ni instituciones democráticas. El gobierno de doña Violeta tuvo que comenzar de cero. Sin embargo, ejerció su poder presidencial ejemplarmente, de conformidad con los principios fundamentales de la democracia: soberanía popular, separación de poderes, Estado de derecho, vigencia de los derechos civiles y políticos, libertad de expresión y respeto a los derechos humanos.

Sin duda que el gobierno de doña Violeta cometió errores grandes  y pequeños y no hizo todo lo que pudo y debió hacer. Ella misma así lo reconoció. Pero durante su gobierno ¡no hubo presos políticos, por primera vez en la historia nacional!

Doña Violeta promovió la reconciliación nacional, creó las condiciones adecuadas para la materialización de los acuerdos de paz entre los bandos que protagonizaron la guerra civil de los años ochenta. Restableció la economía nacional, incluyendo el sistema financiero, en el marco fecundo de la iniciativa privada y la libertad de empresa. Impulsó el profesionalismo y la rotación democrática en los mandos de los cuerpos armados del Estado, etc.

El 10 de enero de 1997, al entregarle el mando presidencial a Arnoldo Alemán, quien fuera elegido por el pueblo en elecciones libres por segunda vez consecutiva, doña Violeta se despidió del pueblo de Nicaragua y la comunidad internacional diciendo:

“Durante mi gestión busqué en todo momento un nuevo estilo de gobernar, inspirado únicamente en el deseo de servir y en el respeto a nuestro pueblo. Compartí responsabilidades con un gran equipo de trabajo que siempre me apoyó, especialmente en los momentos más difíciles. A mi pueblo quiero reconocerle el inmenso sacrificio que ha realizado en estos años y agradecerle especialmente la confianza depositada en mi persona y en mi equipo de gobierno para cumplir este difícil proceso de Transición Democrática. He tratado de cumplir con todo corazón y entereza el mandato que recibí. Por lo que no pude cumplir y por lo que me equivoqué, les pido perdón”.

Sin embargo, porque la vida, la naturaleza humana y la historia son así,  hubo quienes detractaron políticamente a doña Violeta no solo desde el lado sandinista, sino también en el sector democrático. Y todavía la detractan algunos, acusándola de no haber hecho una democracia perfecta, de no liquidar a los sandinistas derrotados en las elecciones y que más bien los amnistió, impidiendo que pagaran por sus crímenes, permitiéndoles que se quedaran con las propiedades robadas y que mantuvieran una representación consistente en los poderes del Estado, el Ejército y la Policía.

Esos detractores vivieron tranquilamente en Nicaragua durante el gobierno de doña Violeta, gracias a la democracia que ella garantizó. Ahora ni siquiera pueden vivir en el país, sufren el infortunio del exilio y el destierro, pero siguen maldiciendo al gobierno de doña Violeta de abril de 1990 a enero de 1997.

Tienen derecho de hacerlo. Se los concede la libertad de pensamiento, de opinión y de expresión que con tanto esmero practicó y respetó dentro y fuera del poder doña Violeta Barrios de Chamorro; la dama de la libertad quien al menos durante algunos años logró que Nicaragua volviera a ser república, como lo predicó y por lo cual luchó hasta dar la vida por esa causa su glorioso esposo, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

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