La guerra de Irán contra Israel y la doctrina de la respuesta flexible

El mundo fue dominado por la ansiedad el pasado fin de semana, cuando Irán atacó masivamente a Israel con más de 300 misiles y otros proyectiles cargados con poderosos explosivos. El ataque no iba dirigido contra objetivos militares específicos, sino contra todo lo humano y material que pudiese ser matado y arrasado.

Afortunadamente, por su extraordinaria capacidad defensiva fortalecida con la cooperación de Estados amigos, Israel neutralizó hasta en un 99 por ciento el ataque y solo un niño resultó con heridas no graves.

Ahora bien, la ansiedad de la gente fue por el temor de que con ese ataque de Irán contra Israel la guerra se pudiera generalizar en todo el Cercano Oriente e inclusive ser el inicio de la tercera guerra mundial.

Irán e Israel están en guerra prácticamente desde el triunfo de la  revolución islámica iraní en 1979. Pero nunca ninguno de los dos países había atacado al otro en su propio territorio. Hasta el fin de semana pasado Irán había librado la guerra contra Israel utilizando como fuerzas de choque militar  a las agrupaciones terroristas palestinas Hamás, Hezbolá, Resistencia Islámica, los Hutíes de Yemen y otros similares.

Nicaragua, aunque parezca insólito, está involucrada de manera política e ideológica en la guerra del Cercano Oriente, debido al alineamiento del régimen de Ortega y Murillo con Irán y las agrupaciones terroristas que luchan contra Israel y pretenden exterminarlo como Estado y como nación.

El mismo día que ocurrió el ataque aéreo masivo de Irán contra Israel, la cancillería del régimen de Nicaragua emitió una declaración de ataque a Israel por la guerra que libra contra la organización terrorista de Hamás. Inclusive atacó a la ONU, acusándola de complicidad con Israel al no actuar “de manera beligerante” contra este país. Beligerante significa “guerrero, batallador, combativo, contendiente, combatiente, belicoso”, o sea que el régimen de Nicaragua exige que la ONU declare la guerra a Israel.

Ahora bien, el ataque del domingo pasado de Irán contra Israel no necesariamente debe extender el conflicto a toda la región del Cercano Oriente, ni ser el comienzo de una nueva guerra mundial que en la época actual podría llegar a ser atómica y causar la  destrucción total y universal.

Es cierto que los gobernantes de Irán son fanáticos y odian de manera tan irracional al Estado de Israel que quisieran destruirlo y exterminar a toda su gente. Pero estúpidos no son. Ellos  entienden a qué peligros se exponen con una guerra directa y total contra Israel.

Por eso es  que afanosamente los dirigentes de Irán han explicado a Estados Unidos y los aliados de Israel, que su ataque aéreo de hace unos días fue solo una respuesta necesaria al que los israelíes realizaron el 2 de abril contra el consulado de Irán en Siria, por  el cual murieron 16 personas, incluyendo a varios jefes militares y un alto mando de la Guardia Revolucionaria Islámica.

En realidad, los líderes iraníes sabían que su ataque aéreo contra Israel no le causaría mayor daño, por la gran capacidad defensiva de los israelíes. Por su parte a Estados Unidos no le interesa que la guerra entre Irán e Israel vaya más allá de los límites donde ha estado.

Es obvio que en este conflicto bélico se está aplicando la llamada “doctrina de la respuesta flexible”, elaborada a principios de los años 60 del siglo pasado por el estratega militar y diplomático estadounidense Maxwell Taylor, y aprobada por el presidente John F. Kennedy como doctrina oficial estadounidense para responder de manera limitada y calculada a las agresiones militares externas. 

Esa estrategia sustituyó a la “doctrina de la respuesta masiva”, que había sido elaborada por John Foster Dulles quien sostenía que dada la superioridad militar de EE.UU., toda agresión por mínima que fuese debía ser respondida con todas las armas disponibles, inclusive las nucleares si fuese necesario.

De manera que lo más probable es que la guerra de Irán contra Israel va a continuar, pero en los escenarios en los que se ha venido librando. Sin excluir la posibilidad de ataques militares contundentes de Israel en algunos países vecinos como el Líbano y Yemen, desde donde operan principalmente las fuerzas terroristas palestinas que actúan  por cuenta de Irán.

Editorial ataques terroristas guerras Irán Israel archivo
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