La valiosa solidaridad con los presos políticos  

Organizaciones de la sociedad civil de distintos países de América Latina están uniendo sus esfuerzos en una campaña de solidaridad con los presos políticos de Nicaragua, Cuba y Venezuela.

“Está pasando otra vez”, es el nombre de esta campaña lanzada en vísperas del sexto aniversario de la rebelión ciudadana de abril de 2018 en Nicaragua. Como secuela de aquel alzamiento popular que fue cruelmente reprimido hay todavía muchos nicaragüenses presos políticos.

Lo mismo o algo muy parecido ocurre en Cuba y Venezuela, los otros dos países latinoamericanos con férreas dictaduras de izquierda o regímenes autoritarios que se distinguen por tener muchos presos políticos.

Según los impulsores de la campaña “Está pasado otra vez”, en los tres países mencionados hay 1,482 presos políticos actualmente, de ellos 1,092 en Cuba, 269 en Venezuela y 121 en Nicaragua. Por cierto que la ONG internacional Global Human Rights League ha denunciado que no solo en esos tres países hay presos políticos, sino también en Bolivia, donde según sus registros hay 277 personas en esa penosa situación. Los presos políticos bolivianos deben de ser incluidos también  en esta y cualquier otra campaña de solidaridad.

Según los promotores de la campaña su propósito es generar solidaridad en toda la América Latina en torno a los presos políticos. En una conferencia de prensa virtual precisaron que buscan “alzar la voz en nombre de estos detenidos para visibilizar su situación en toda la región”, particularmente en Argentina, Chile y Costa Rica, pero también en España.

Nosotros hemos dicho en otras ocasiones, y lo repetimos ahora, que la existencia de presos políticos es una llaga dolorosa en la conciencia moral de la nación y una vergüenza para quienes detentan el poder de manera autoritaria y mantienen a esas personas en la cárcel, sometidas a maltratos, solo porque piensan y opinan de manera distinta y porque reclaman el derecho de vivir en libertad y tener un gobierno democrático.

A lo largo de la historia política de Nicaragua, o sea desde que terminó la dominación española, las cárceles del país casi nunca han estado vacías de presos políticos. Solo en el breve lapso democrático de 1990 a 2006 no hubo presos políticos nicaragüenses. Hasta los sandinistas que en el período gubernamental de doña Violeta Barrios de Chamorro cometieron asesinatos, asaltos a  bancos y otros actos terroristas para sabotear la incipiente democracia, fueron amnistiados por aquella generosa presidenta de Nicaragua que se distinguió por su talante político tolerante y conciliador.

Hoy la idea de que Nicaragua vuelva a ser una república democrática libre de presos y perseguidos políticos, parece un sueño. Pero mientras ese sueño no se  vuelva a convertir en realidad, la solidaridad con los presos políticos es necesaria para fortalecer la capacidad de resistencia moral de quienes están cautivos dentro de las prisiones, y en general de los nicaragüenses que tienen todo el país por cárcel.

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